Cómo Conseguir Lo Que Quieres En Un Mundo Injusto

 

Por Gonzalo Fuentes

 

Voy a confesarte una cosa. Puedo tener muy mal humor. Normalmente, suelo ser una persona bastante tranquila. Si me conoces lo sabrás. Pero en determinadas situaciones que me tocan especialmente o con ciertas injusticias saco un mal genio importante.

 

Por ejemplo, me molestan especialmente los abusos de ciertas empresas y bancos que parece que lo único que pretenden es aprovecharse de nosotros y de nuestras necesidades. Creo que la esencia de cualquier empresa que se precie ha de ser servir al otro. Ése ha de ser su principal objetivo. Tú me ofreces un buen servicio y yo te pago.  Cubres una necesidad que tengo, o un deseo, y yo te pago. Todos salimos ganando. Pero hay determinadas empresas y bancos que se encuentran en una situación de sobreprotección que parece que su único objetivo es aprovecharse. Sacarte los cuartos incluso aunque no los tengas, utilizando todo tipo de estrategias. Y estas, para más inri, normalmente son las empresas que cubren las necesidades más básicas de los ciudadanos.

 

Creo que están haciendo las cosas mal. Y creo que no tienen cabida en el futuro que debemos crear. No de esa manera. No hay que beneficiarse del otro. Hay que beneficiarse de ayudar al otro. Abiertamente, con transparencia y con una auténtica actitud de ayuda y servicio.

 

Pero no quiero centrar el artículo de hoy en una denuncia social. Si no en algo de lo que tú puedas sacar provecho. O al menos eso espero.

 

El caso es que el banco en el que guardo y gestiono principalmente mi dinero me pasó un cargo que no consideraba justo. Intenté que me lo devolvieran, no sólo porque era lo que me parecía correcto, sino porque era lo que ellos mismos me habían dicho previamente si me ocurría alguna vez. Pero se me comunicó que lo correcto era cargarme dicha cantidad. Y tras darle muchas vueltas lo único que sentía era rabia. Una rabia descomunal que me nublaba la vista. Mi familia puede dar fe de ello.

 

Me revolvió tanto mi situación y la situación a la que hemos llegado en estos temas que lo único que pude hacer por el momento fue dejarlo pasar y así relajarme. Porque no me apetecía centrar mi atención en algo tan desquiciante.

 

Pero pasados unos días, sabía que tenía que ir a hablar con ellos. Sobre todo si quería recuperar mi dinero.

 

Mi primer impulso fue ir anticipando una negativa y llevando conmigo el mal humor que me provocaba todo este tema. Me imaginaba en mi cabeza montando un numerito en el banco y poniendo en su sitio a la persona que me atendía (si es que lo que me imaginaba supone poner en su sitio a nadie).

 

Pero paré. Respiré. Y me di cuenta que así no iba a conseguir cambiar ni mi situación ni ninguna situación social. Posiblemente lo único que iba a conseguir era emponzoñarme más y hacerme daño a mí mismo. Así que pensé, ¿qué es lo más útil y beneficioso que puedo sacar en este momento? Posiblemente que me devuelvan mi dinero. Eso era lo más urgente. Y la estrategia que tenía en mente no parecía la más adecuada. Además, pensé que luego podría escribir en El Día Después todo lo que quisiera sobre esta situación, y de la manera más constructiva posible.

 

De modo que me pegué una buena ducha para despejarme, me arreglé, e incluso empecé a pensar cosas positivas sobre la persona que me iba a atender. Quizás él tampoco estuviese de acuerdo con lo que se estaba haciendo. Quizás tenga otra perspectiva del asunto. Quizás incluso quiera ayudarme. Iría con la idea de pedirle amablemente que me retirara el cargo tal y como me había asegurado anteriormente. Y si su respuesta era negativa, simplemente le haría saber que lo que estaban haciendo me parecía injusto.

 

Me dirigí al banco, me senté en su mesa y le pedí lo dicho. Sin el nubarrón que anteriormente sobrevolaba mi cabeza. Accedió inmediatamente.

 

Ahora bien, llegados a este punto de pequeña victoria o vuelta a la normalidad, ¿por qué nos cuentas esta historia de andar por casa, Gonzalo?

 

Bueno, por un lado, quiero que veas cómo utilicé las dos herramientas que te he mostrado en los dos últimos artículos. Para salir de lo que para mí era un mal trago (cada uno tiene los suyos) y para conseguir lo que quería de manera más urgente.

 

Lo primero que hice fue observar mis pensamientos. Imaginarme a mí mismo en mi cabeza insultar a aquel tipo y despoticrar sobre el banco no me parecía lo más útil.

 

En segundo lugar. Me hice buenas preguntas. O al menos las mejores que se me ocurrieron en ese momento:

 

¿Qué es lo que necesito de manera más urgente en esta situación? ¿Qué es lo que va a resultarme más útil y beneficioso?

 

Que me devuelvan el dinero.

 

¿Cómo puedo hacer para que me devuelvan el dinero lo antes posible?

 

¿Te das cuenta? Pasé de albergar de alguna manera en mi cabeza las preguntas “¿Por qué se comportan de esta manera tan injusta conmigo? ¿Por qué son tan… (añade tu insulto preferido)?”, a estas otras nuevas preguntas que yo decidí implantar en mi cabeza de manera consciente.

 

Luego se puede decir que hubo una pregunta extra: ¿Cómo puedo ofrecer algo de valor a los lectores de El Día Después a partir de esta historia?

 

Toda esta historia es sólo un ejemplo. Y un ejemplo que incluso podría entender que te pareciera un poco tonto. Pero lo que quiero sacar a colación es que estamos repletos de reacciones automáticas en nuestro interior. Tantas que ni somos conscientes, y además esos procesos que ocurren en nuestra cabeza durante la reacción son casi siempre de manera inconsciente. Pero también vemos, que parando y observando nuestros pensamientos podemos cambiar el rumbo de los acontecimientos, o por lo menos nuestra actitud y enfoque sobre el asunto. Y añadir preguntas útiles e inteligentes a nuestro pensamiento es como recuperar el timón y redirigir nuestra nave hacia el rumbo que queremos.

 

A veces creemos que nuestra realidad es como una roca inamovible. Pero más bien es como arcilla que podemos ir moldeando poco a poco. Unas veces esta más dura y cuesta más, otras menos y es más fácil.

 

También he de añadir que aunque veo muchas cosas alrededor nuestro que no me gustan del mundo que hemos creado, creo que tenemos que construir en positivo y empezar el cambio desde nosotros mismos (lo cual también incluye saber cuándo decir NO, por supuesto). El exterior suele ser un reflejo del interior. Y viceversa. Las emociones las hemos de sentir y saber expresarlas. Pero hemos de tomar las riendas de nuestros mecanismos internos para cambiar las cosas. Y actuar con inteligencia.

 

Espero que toda esta reflexión te haya servido de algo.

 

¿Tienes reacciones internas recurrentes a lo largo de tu vida que te traen resultados indeseados?

 

Puedes comentarlas más abajo o pinchando aquí si no los ves.

 

Por cierto, si conoces algún banco que se preocupa por sus clientes,  en el que la relación es yo gano-tú ganas, y que no se intentan aprovechar de ti ni malinformarte, agradecería que también lo incluyeras en los comentarios.

 

Si estos artículos te resultan interesantes puedes compartirlos o enviárselos a un amigo. ¡Él te lo puede agradecer y yo también!

 

Gracias por leer y… ¡Feliz cambio!!!!

 

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2 responses to “Cómo Conseguir Lo Que Quieres En Un Mundo Injusto”

  1. Luisa says:

    “Me gusta”, sería una forma de resumir lo que siento al leer tu artículo.Voy a añadir algo más: es una buena forma de empezar a cambiar cosas en nuestro alrededor mas cercano, pensando y razonando positivamente las situaciones en base al objetivo. Es una nueva estrategia, cuando la practico, creo realmente que lo voy a conseguir, y en eso también está el truco, que yo misma me estoy convenciendo al visualizar la situación en positivo, que lo voy a conseguir, y éso ayuda un montón. Y si aún así no lo consigo, no me siento tan mal, creo realmente que he hecho lo que estaba bien. De la otra forma, me quedaba un resquicio de venganza, de insatisfacción que no llegaba a eliminar.
    …Esperaré tu próximo artículo. Un beso.

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