Cómo Recuperar el Control de Tu Vida

 

Por Gonzalo Fuentes

 

Este es el primero de una serie de artículos que seguramente escriba sobre la mente. Un tema tan interesante como difícil de abordar. La mente es y ha sido a lo largo de los tiempos objeto de deseo y conocimiento por parte de filósofos, místicos y científicos. Yo voy a tratar de simplificar al máximo mis conocimientos y mi propia experiencia para que podamos usar nuestra mente como posiblemente la herramienta más poderosa a nuestra disposición. Lo haré lo mejor que pueda y espero que os resulte muy útil.

 

Cómo funciona nuestra mente

 

La mente por naturaleza necesita estar ocupada. Siempre quiere tener algo con lo que entretenerse. Ya sea conseguir un determinado objetivo, responder a una pregunta, crear algo nuevo, preocuparse con algo, o simplemente enredarse y juguetear con distintas ideas y pensamientos. Sea cual sea el caso, lo importante es que no puede estarse quieta.

 

Esto es lo contrario que sucede cuando meditamos. Primero damos alimento a la mente o algo con lo que entretenerse. Esto se hace normalmente por medio de una técnica, como por ejemplo concentrarse en la respiración y contarla. Llega un momento en el que engañamos a la mente y la trascendemos, fundiéndola con el todo. Es sólo en esos momentos cuando parece que la mente para de funcionar y encuentra paz. Pero incluso en algunos momentos intensos de meditación la mente va a mil por hora y aun así estás meditando.

 

Mucha gente encuentra tanta paz al meditar que luego le cuesta o le da pereza volver al mundo de los pensamientos, a su vida, sobre todo si tiene muchos problemas en ella. Incluso algunos grandes meditadores se pueden convertir en unos grandes inadaptados o ausentes de la realidad cotidiana. Yo personalmente pienso que aunque la meditación (y soy un gran defensor de ella) te hace descubrir lo que hay detrás de toda esta gran ilusión, y sobre todo te vuelve más consciente de tus pensamientos y de tus procesos internos, pienso que esta vida existe para vivirla en el mundo de los pensamientos.

 

Actualización: Releyendo este artículo me doy cuenta que esta última afirmación puede ser malinterpretada, y con razón. Cuando digo “el mundo de los pensamientos”, me refiero al mundo material y físico en el que vivimos, no a estar perdidos en un limbo místico o algo por el estilo. Pero dichos pensamientos han de ser conscientes para utilizar nuestra mente de una manera inteligente. Porque si no caemos en la “película” inconsciente de pensamientos en la que vivimos la mayoría. Hasta donde yo sé, hemos de volvernos conscientes de nuestros pensamientos, saber distinguir que no somos ellos ni nuestras emociones, y que lo material y lo físico que creemos poseer es impermanente, incluido lo que nosotros creemos “que somos”. Lo único permanente es lo que observa, la consciencia misma.
 

La mente es por naturaleza creadora. Y una creadora voraz. Es por eso que no puede estarse quieta.

 

(No quiero ponerme muy místico con todo este tema. Pero creo que estos conceptos pueden ayudar a clarificar y entender mejor todo este tema que quiero tratar. También hay que tener en cuenta que todo esto que digo de “encontrar la paz” o descubrir “qué hay detrás de esta realidad”, es algo que todos en el fondo intuimos y que simplemente se encuentra más fácilmente a nuestra disposición por medio de la meditación. No es algo de superhéroes o divinidades. Yo hablo desde mi propia experiencia y la de otros, y soy un tío muy normal que simplemente cree y piensa que la práctica de la meditación estaría mucho mejor incorporada en nuestro día a día y cotidianidad que relegada sólo a tipos con barba larga que viven en una cueva. Otra forma de acercarse a este tipo de experiencias es por medio de determinadas sustancias consumidas o estados de gracia que se reciben.)

 

Oh capitán, mi capitán

 

Ya sabemos que la mente no se puede estar quieta y que es creadora por naturaleza. Pero para más inri, la mente es el capitán de nuestro navío, y ya se sabe que donde hay patrón no manda marinero. Eso quiere decir que si la mente piensa en algo, ya sabemos que por medio de su afán creador va hacer todo lo posible para que nosotros hagamos realidad esos pensamientos. Va a ordenar a toda nuestra maquinaria interna, a todos los marineros que componen nuestro ser, a que hagamos realidad lo que ELLA tiene entre manos.

 

Ahora bien, ¿cómo sabemos lo que ella tiene entre manos? Creemos ser conscientes de todo lo que pensamos, pero en el fondo no somos conscientes más que de una pequeña parte, en ocasiones minúscula parte. Es decir, sólo nos damos cuenta de algunos de los pensamientos con los que juguetea nuestra mente.

 

Por un lado ya sabemos que la meditación nos vuelve más conscientes de nuestros pensamientos. Pero aun hay un par de herramientas más. La observación y la atención deliberada. Y cuanto más sepamos cómo funciona nuestra mente mejor podremos dirigir dicha atención y observación. (Tranquilos que estos conceptos los explicaré en su debido momento.)

 

Pero, ¿quién demonios dirige dicha atención? ¿No hemos dicho que la mente es la que manda?

 

A sus órdenes, mi comandante*

 

No. Hay alguien que manda y dirige por encima de nuestra mente. Y adivina de quién se trata. ¿Quién es dicho comandante?

 

Tú.

 

Tu eres el que está al mando. Tú y nadie más que tú. Lo que sucede es, que en algún momento de nuestra vida, o bien has relegado prácticamente toda la jefatura y el control a tu mente, o bien has dejado a cargo de ella sólo algunos aspectos que tú no has sido capaz de gestionar y manejar.

 

Pero tú eres el responsable de la nave, no la mente. Y ella… bueno, ella no sabe muy bien distinguir qué es lo mejor para ti. Ella simplemente hace y deshace. Se limita a crear y a destruir. Para volver a crear. Ella es así, no hay que culparla. Su naturaleza es estar entretenida.

 

La mente es como alguien con un hambre insaciable. Está dispuesta a comer por siempre jamás. Ahora bien, lo que coma depende de ti.

 

* Mi conocimiento sobre los títulos militares es prácticamente nulo. Pero me resultan muy útiles para esta metáfora. He intentado encontrar por la red quién está por encima de quién, si el comandante, el capitán,… Pero a veces son lo mismo, a veces depende del país o el cuerpo, y a veces no se ponen de acuerdo. Así que para este artículo y porque queda muy bien, el comandante manda sobre el capitán. Es sólo una excusa.

 

El alimento de la mente

 

Los que me seguís aquí en el blog ya habréis notado lo que me apasiona el tema de la nutrición y descubrir cómo dependiendo de qué y la manera en que comemos obtenemos resultados bien distintos en cuanto a nuestro cuerpo, salud y energía (por cierto, también pensamientos). Pues bien, la mente es igual. Dependiendo de lo que le demos de comer (y comer no va a parar de comer), creará cosas distintas y por lo tanto hará que nosotros sintamos, experimentemos y también creemos cosas distintas.

 

Estamos jugando con la metáfora de los alimentos, y los alimentos de la mente son los pensamientos. Recuerda, y grábate esto a fuego:

 

Lo que piensas crea lo que sientes, y lo que sientes crea lo que haces. Y lo mismo al revés. Cómo actúas condiciona cómo te sientes, y cómo te sientes condiciona lo que piensas.

 

Imagínatelo como un círculo.

 

Pero, ¿quién da de comer a la mente, o mejor dicho, quién decide qué pensamientos darle? En principio tú. Pero como has perdido el control en algunos aspectos, la mente se conforma con lo que tiene a mano. A ella le da igual. Sólo quiere pensamientos para entretenerse, jugar y crear.

 

Imagínate que la mente tuviese a su disposición una enorme despensa llena de pensamientos. Cuando tú no le dieses algo para comer, ella simplemente abriría la despensa y cogería aquellos pensamientos que le viniesen mejor en ese momento o que tuviese más a mano. Sé que es una extraña metáfora, pero nos ayuda a comprender muy bien todo este asunto.

 

¿Pero quién ha llenado dicha despensa de pensamientos? De nuevo tú y tus experiencias pasadas. Has sido tú mismo por medio de dichas experiencias el que has ido catalogando, distribuyendo y etiquetando pensamientos, ordenándolos en dicha despensa. Y como comandante del barco le has dicho a la mente, “capitán, a partir de ahora cuando suceda una situación similar a esta vivida, puede acceder a la despensa y encontrará toda la información que necesita en el cajón X de la Sección 38. Le dejo a usted a cargo.” Y la mente tan contenta, “ñam ñam, ¡tengo algo con lo que entretenerme!”

 

Y así ha sido desde entonces hasta ahora. Eso sí, la mayoría de dichas cajas de pensamientos las ordenaste, catalogaste y etiquetaste cuando eras sólo un crío. O cría. Y es más que probable que fuese antes de los siete años. ¿Crees que lo que guardaste en aquellas cajas, metiste en aquella despensa y le diste a la mente para que se hiciera cargo en aquella tierna edad es lo más apropiado para lo que quieres vivir a día de hoy? Depende, pero lo más probable es que, o esté desfasado el material, o te de unos resultados bastante mediocres si no dañinos en tu vida actual.

 

¿Cuáles son las buenas noticias? Que tú eres el comandante y en cualquier momento puedes recuperar la autoridad. Al fin y al cabo a tu mente le da completamente igual mandar. Ella sólo quiere estar entretenida. Eso sí, tienes que averiguar qué pensamientos se está zampando para quitárselos de la boca y darle los que quieres que se coma.

 

Pero, ¿cómo puedes recuperar el control? Ya lo hemos dicho más arriba. En primer lugar siendo consciente de con qué pensamientos se entretiene tu mente en cada momento (observación). Y en segundo lugar, decidiendo conscientemente qué pensamientos quieres entregar a tu mente (atención deliberada).

 

Como ya he expuesto mucha teoría y como siempre digo, quiero que El Día Después se centre sobre todo en la ACCIÓN, a continuación os voy a mostrar un par de herramientas muy sencillas pero muy poderosas para poder empezar a cambiar vuestra vida desde ya mismo. Recuerda que tu día después está en tus manos poder cambiarlo desde hoy mismo.

 

Observando tu mente

 

He comentado más arriba que lo que pensamos condiciona cómo nos sentimos y lo que sentimos condiciona cómo actuamos. Como no siempre podemos estar pendientes de lo que pensamos vamos a centrarnos ahora en lo que sentimos.

 

En concreto vamos a fijarnos en cuando nos sentimos mal. Éste va a ser a partir de ahora un indicador, una llamada de atención. Cada vez que te sientas mal vas a detenerte. Vas a detenerte y vas a observar qué es lo que estás pensando en ese momento.

 

Cuando nos sentimos mal es porque estamos pensando en algo que no queremos para nuestra vida, algo que no nos gusta. 

 

Veamos un ejemplo. Estás trabajando en algo y comienzas a sentirte mal. En concreto comienzas a sentir ansiedad. Entonces, como hemos dicho, decides parar y observar tus pensamientos. Observas sin juzgar y sólo con mucha curiosidad tus pensamientos. Y te das cuenta que lo que se te pasa por la cabeza son todas esas tareas que tienes que llevar a cabo y que ves que no te va a dar tiempo, esos pagos que no vas a saber cómo solventar, esos compromisos que no ves cómo cumplir y que incluso quizás no te apetezcan, etc, etc. Te ves presionado, agobiado e incapaz de salir airoso de esa mezcla de situaciones. Eso es lo que te ha generado esa ansiedad. Te sientes mal porque estás pensando en algo que no quieres para tu vida, algo que no te gusta. 

 

Otro ejemplo. Estás interactuando con otra persona o con un grupo de personas. Te empiezas a sentir mal, chiquitito, tímido, asfixiado por la situación. Entonces recuerdas que tienes que parar y observar tus pensamientos. Ves que hay muchos de ellos, pero entre otros pensamientos distingues uno que te dice que según te ha mirado una de esas personas tú has interpretado que dicha persona piensa que “no aportas nada, no eres más que un mueble en dicha reunión y que por lo tanto, eres inferior al resto”. Ese es tu pensamiento. Estás pensando algo que no quieres para tu vida, que no te gusta, y por tanto te sientes mal.

 

No son más que un par de ejemplos, pero quiero que te hagas una idea de lo que quiero decir.

 

Ya sabes, en cuanto te sientas mal, ¡alarma! ¡Algo está pasando! Paras, y observas tus pensamientos con curiosidad. Simplemente.

 

El objeto de esto es volverte consciente de aquello que estás pensando. De aquello que estás pensando y que no te sirve. Y que haces de manera automática y sin darte cuenta. De aquellos pensamientos que tu mente saca de la despensa en un momento dado y decide entretenerse con ellos, con todas las consecuencias que eso acarrea. Pero entonces, aparece el comandante, , y decides prestar atención al trabajo que está llevando a cabo tu mente. Y ves que no te gusta cómo está haciendo las cosas. Entonces le exoneras: “¡Capitán! Eso no está funcionando. A partir de ahora este tema lo vamos a manejar de esta otra manera.” Y le lanzas unos pensamientos distintos con los que entretenerse. Unos pensamientos que tú has decidido darle. Ya que los otros no funcionaban o funcionaban mal.

 

Resumiendo, y presta mucha atención, cuando te sientas mal, para y observa con curiosidad tus pensamientos. El simple hecho de observarlos, de ser consciente de ellos, les quitará todo su poder. En consecuencia, o tú mismo decidirás con qué pensamientos más beneficiosos sustituirlos, o lo mejor de todo, tú mente los sustituirá automáticamente por otros más provechosos. (Porque aunque hasta ahora parece que la he tachado de tonta, en esos momentos sí sabrá cómo comportarse y ser leal.) Creo que fue Fritz Perls quien dijo que la consciencia es en sí misma, transformadora.

 

En cualquier caso, no te obsesiones demasiado y ve poco a poco. Ponlo en práctica y con el tiempo serás mejor en ello. Así funciona todo.

 

Este artículo se me ha hecho más largo de lo que esperaba. Así que habrá que aplazar el resto al próximo artículo. En él os hablaré de la otra herramienta MUY útil para que podáis experimentar más cambios positivos en vuestra vida.

 

Te recuerdo que puedes dejar tu comentario aquí abajo. (Si no ves donde introducirlos pincha aquí y baja al final de la página.) No os podéis imaginar lo que agradezco vuestros comentarios. Sobre todo porque así puedo “bajar a tierra” lo que hablo en estos artículos y ayudaros más específicamente.

 

También si encuentras útil estos artículos, puedes darle Me Gusta a la página de Facebook de El Día Después y compartirlos. Así me ayudarás a llegar a más gente.

 

Gracias por leer hasta aquí. Recupera las riendas de tu mente y… ¡Feliz consciencia!!!

 

¡Recibe nuevos artículos en tu correo!:



5 Responses to “Cómo Recuperar el Control de Tu Vida”

  1. Bartok says:

    ¡Revelador!¡Gracias!

  2. Esther says:

    Dos puntos importantísimos que se me han quedado clavados en la sesera después de leer este post.
    Punto 1: Tengo que dar de comer “a la bestia” constantemente, y por mi propio bien, más vale que sea yo quien elija sus alimentos.
    Punto 2: Qué alivio poder ponerle remedio al desfile de pensamientos nada beneficiosos que tenemos, simplemente echando el freno de mano y fijarnos en como nos sentimos. Gratitud por ese indicador. El bienestar o el malestar del momento.
    Súper bien explicado, un post realmente útil. Gracias ^_^

  3. Guadalupe Aida says:

    Muy buen articulo, me gusto bastante, y lo mejor es el uso de metáforas, además de ser un buen alimento para mi mente y pensamientos.

Leave a Reply