Corriendo… ¿De qué?

 

Por Gonzalo Fuentes

 

Me enfundo las zapatillas. Me ajusto la riñonera y me abrocho el reloj. Tomo el ipod para que la música me acompañe en este camino. Por un momento dudo si es el momento apropiado para hacerlo. ¿Quiero o me obligo?

 

Bajo las escaleras de casa y salgo a la calle. Me da el aire en la cara y agradezco haber tomado esta decisión. Asoma una agradable sensación de libertad. Camino con paso firme por la acera.

 

Subo las escaleras del parque. Esta parte es de preparación. Los árboles me saludan. Inspiro con fuerza los olores. Acaricio una hoja. Miro al cielo. Amo el cielo. Tomo conciencia de cómo me siento, de cuáles son mis pensamientos.

 

Llego a mi primera parada.

 

Apoyo mi mano sobre el árbol y comienzo a girar los tobillos. Me aseguro que entren en suficiente calor. Llevo mi atención a ellos y así aseguro que la energía llegue bien hasta ellos. Lo mismo con las rodillas. La cadera. Los brazos. Los hombros. El pecho, el cuello y la cabeza. Suspiro. Algún pensamiento oscuro se me ha pasado por la mente. Llevo mi atención al aire, a los sonidos y a lo que veo. Al aquí y al ahora.

 

Enciendo el ipod y activo el cronómetro del reloj. Comienzo con un trote ligero. Así serán los primeros cinco minutos. Otros corredores pasan a mi lado. Gente que pasea. Parejas en el césped.

 

La música está en sesión aleatoria. Voy saltando algunas canciones que no siento acordes con el momento que atravieso. Entro en un calor más intenso.

 

Veo un avión surcando el azul del cielo, dejando una estela tras de sí. Vuelvo a amar el cielo. No deja de abrumarme una y otra vez con su tremenda hermosura y majestuosidad.

 

Siento la presión en los músculos, las palpitaciones, el impacto de mis piernas contra el suelo.

 

A veces los pensamientos están muy presentes. Otras me dejo llevar por las canciones. Puede que atraviese un mal momento y esté siendo difícil sobrellevarlo mientras corro. O quizás sonrío porque me siento libre. Pienso que estos momentos son importantes para mí.

 

Quizás me pesen las piernas o mi respiración no sea muy agradable. O quizás me sienta ligero y flotando a un ritmo tranquilo. A veces me siento débil. Otras poderoso. Me gusta abrir el pecho hacia adelante. Al mundo.

 

Aquí estoy.

 

Se me ocurre una idea para un artículo. O algo que quiera decirle a alguien. O un plan. O una idea profunda. Me digo: vuelve aquí. Siente. El sudor. El calor a través del cuerpo. Los músculos trabajando. Algunas partes que pesan más que otras. La armonía de los movimientos. Todos los estímulos que entran a través de mi vista. Quizá te encuentre. Yo sólo quiero correr.

 

Siento una bajada en mis fuerzas. Venga, tú puedes. Enseguida cambiará este estado. Es pasajero. Sigue la música. Amo la música. Me eleva. Me acompaña. Me emociona.

 

Vuelvo a estar presente. Siento el aire llenando mis pulmones. Mi pecho está dilatado. Soy más ligero.

 

Un paso. Otro paso. Otro más. A nadie le importa lo que hago. Mas que a mí. Y en ese momento me doy cuenta. ¿Por qué corro? ¿Por qué sigo este ritual casi diario? No compito con nadie. Tampoco corro para desafiarme. No me estoy entrenando. Más bien corro poco tiempo y sin grandes esfuerzos ni presiones. Tampoco corro para huir de algo. No puedes huir de nada. Por mucho que corras. Es mejor abrazar esas cosas.

 

¿Por qué corro? Antes no me gustaba correr. ¿Por qué corro? Árboles que dejo atrás. Personas con sus vidas. Con sus conversaciones. Con su amor. Con sus risas. No busco adelgazar. No me marco objetivos. A veces me siento bien… pero otras me siento mal. ¿Por qué corro?

 

Ah. Ya lo sé.

 

Corro porque estoy vivo.

 

Y quiero celebrarlo.

 

Un Corazón en el Cielo… (No instagram, no filtros, no efectos, no megapixeles,… Tan sólo el cielo de Madrid.)

 

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4 responses to “Corriendo… ¿De qué?”

  1. Susana says:

    Guauuu!menuda descripción del acto de correr!yo también corro y siento todas esas emociones,es maravilloso porque para mi supone el reencuentro conmigo y con la esencia de estar vivo,siempre pienso en positivo cuando estoy corriendo,no se cuela ningún demonio en mi mente.Es más,_por razones de salud(soy sordita),tuve que dejar de oír música mientras corría y,aunque un temazo de Metsllica,Djiork,The Doors o la discografia al completo de George Brassens,son acompañantes muy agradables,he de reconocer que escuchar mi respiración,el impacto de mis pies en el suelo,los elementos del entorno en el que corres,o tus pensamientos,es una gozada,_porque ahí si que me siento libre de todo lo que no sea naturalmente humano.Un beso y que continúe la carrera!

  2. Luis José says:

    Muy bonito, me ha gustado mucho el post.
    Para mí siempre ha sido un suplicio correr aunque al terminar me sintiera como en una nube. Siempre lo he tenido que dejar después de unos días o unas semanas por molestias en las rodillas o los tobillos.
    He vuelto otra vez al gimnasio a hacer pesas, que es lo que realmente siempre se me ha dado bien; pero después del entrenamiento echo unos 15 o 20 minutillos trotando en la cinta de correr. No se puede comparar a correr por un parque pero me quito el gusanillo 😉
    Saludos

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