El Cielo En La Tierra (9 Aprendizajes de un Fin de Semana de Biodanza y Amor)

 

Por Gonzalo Fuentes

 

“¿Quién puede deshacerse de los innumerables lazos? Vamos juntos como una manada de ángeles.”

Alejandro Jodorowsky

 

Acabo de aterrizar de un fin de semana repleto de Biodanza y otras actividades realmente hermosas (bueno, en realidad aun estoy aterrizando…). He visto y vivido un cachito del Cielo en la Tierra. Una experiencia que guardaré toda mi vida en el corazón. Pero no quiero que se quede en un simple recuerdo, sino que sea una experiencia viva que se expanda y se filtre por toda esta realidad que vivimos en el día a día. Quiero que esta Tierra se impregne de ese Cielo. Y es por eso que la tengo que traer a este blog. Haciendo honor a ese lema de ‘Otro Mundo Es Posible’ pero no como un paréntesis en nuestras vidas, sino como una forma de vivir.

 

Es difícil de explicar en palabras. Os puedo señalar la luna pero no daros la luna. Para eso hay que vivirlo. Pero sí que puedo compartir con vosotr@s algunos aprendizajes que me llevo de esta increíble experiencia.

 

Algunos os preguntaréis desde la primera línea qué es eso de la Biodanza. Algo también muy difícil de explicar y que seguramente yo no sea el más apropiado para hacerlo. La Biodanza es un sistema creado por el chileno Rolando Toro y que se define como “un sistema de integración humana, renovación orgánica, reeducación afectiva y reaprendizaje de las funciones originarias de la vida. Su metodología consiste en inducir vivencias integradoras por medio de la música, del canto, del movimiento y de situaciones de encuentro en grupo.”

 

Para mí la biodanza es un torpedo lanzado al centro de mi ser. Pero un torpedo de vida y amor. Un torpedo de despertar. Para mí la biodanza es amar con el cuerpo. A todos y a todas. Es aprender sin utilizar mis proceso cognitivos y de pensamiento. Biodanza es conectarme con mi lado más creativo y lúdico. Es enchufarme al poder de la imaginación. Es expresarme con mi cuerpo y mi alma. Es perder el ego o verlo de frente. Es mirar al corazón por medio de los ojos. Es sentir mi energía sexual y poder expresarla. Es sentirme unido y ver cómo creo la separación. Es amar a pesar de las diferencias. Es cuidarme y respetarme. Es retarme y salir de mi zona de comfort. Una y otra vez.

 

Pero por mucho que os lo cuente con bonitas palabras, es una experiencia que hay que vivir. Porque no es un proceso del pensamiento. Es un proceso vivencial. Sólo puedo decir que este fin de semana, después de casi siete meses de vivenciar la biodanza semanalmente, me he sentido amado incondicionalmente, he sentido que amaba incondicionalmente, me he sentido más yo mismo que nunca, he cantado, reído, bailado como un loco, he sentido pertenencia a un lugar y a una gente, he acariciado, besado, comprendido, me he excitado, he compartido,… He brillado. Me he visto brillar mientras los que estaban alrededor también brillaban. Porque no había nada por lo que competir.

 

Era el Cielo en la Tierra…

 

Pero no estoy escribiendo este artículo para dar envidia a nadie ni presumir de cómo me lo monto. Esto está al alcance de todos nosotros. Está a un palmo de nuestras narices y a unos centímetros dentro de nuestro pecho. Está en el otro cada vez que nos lo encontramos. Lo que ocurre es que estamos tan habituados a vivir nuestra vida de otra manera que es por eso que esto no forma parte de nuestra experiencia diaria. No es fácil. Para mí el primero.

 

Por esta razón quiero compartir algunos de los aprendizajes que me llevo de esta experiencia. Aprendizajes de un incalculable valor. Vamos con ellos.

 

1. Sólo necesitas humanos. Cuando llegué el domingo a Madrid en un estado de amor puro y satisfacción completa, me hice una pregunta. “¿Qué hemos necesitado para conseguir ESTO?” Y entonces me di cuenta de lo poco que habíamos necesitado a nivel material para vivir lo vivido. Sí, un lugar maravilloso en un entorno natural precioso, una piscina y la comida. Pero todo eso estaba en un segundo plano. Incluso el comer, algo a lo que damos tanta importancia en nuestra cultura para sentirnos satisfechos, perdía esa relevancia, lo cual me recuerda lo mucho que comemos para alimentar otras necesidades emocionales. Lo que habíamos necesitado para crear lo que habíamos creado era simple y llanamente a nosotros mismos. Habíamos utilizado nuestro potencial humano, nuestras cualidades, nuestros cuerpos. No teníamos que buscar fuera. Sino escarbar dentro y sacarlo.

 

2. La importancia de la tribu. Muchas veces nos sentimos un bicho raro. Yo estoy demasiado habituado a ese sentimiento. Y lo que sucede no es que seamos raros, sino que no estamos ni en el lugar apropiado ni con la gente adecuada. Cada vez me doy más cuenta de lo necesario que es rodearte de gente que te nutra. De seres humanos con los que compartas valores, deseos, necesidades. De la importancia del respeto. Que te reconozcan. Fuera de todos esos patrones que hieren al otro y a nosotros mismos por una necesidad de “protegernos”. Un lugar donde puedas ser tú mismo. Dentro de eso, creo que todos pertenecemos en realidad a una Gran Tribu, pero estamos demasiado atrapados en nuestros egos para verlo. Y en consecuencia hacemos daño al prójimo. En ocasiones Mucho Daño. Por eso, mientras alcanzamos esa Gran Tribu integradora, búscate una tribu en la que te sientas integrado en cuerpo, mente y corazón.

 

3. Las palabras son sólo un accesorio. Vivimos demasiado en las palabras. En nuestras cabezas hay demasiadas palabras. Limitamos demasiado todo lo que ES en definiciones y palabras. No somos el lenguaje, aunque interiormente lo aceptamos así. No somos lo que nos decimos ni los otros son lo que decimos que son. Las cosas no son como decimos que son. La realidad no es la que decimos que es. Considero que el lenguaje está ejerciendo un papel crucial en la fase que vivimos actualmente. Una fase de apertura y expansión de la información, en el que la palabra es un medio de expresión muy valioso. Decirle al otro, concretarle al otro, y a nosotros mismos, ayuda a que se tiendan puentes, a que se liberen emociones. Pero el lenguaje es SÓLO una herramienta. Un código. No podemos confundir el mapa con el territorio. Existen otros medios, puentes y herramientas. También hemos de hacer uso de ellos. En nuestras cabezas entran y salen constantemente pensamientos. A una gran velocidad. Ni nosotros ni las cosas son lo que dicen esos pensamientos. Nosotros somos más bien el movimiento, el ir y venir de esos pensamientos. El proceso, no el contenido.

 

4. Somos mamíferos. Somos muchas cosas. Muchas más de las que creemos y vemos. Pero a un nivel somos animales mamíferos. Y los mamíferos se tocan. Se dan calor. Se acarician. Se restriegan. Se nutren con el contacto físico. Se dan amor. No aceptar nuestro ser mamífero es no aceptar una parte de nosotros. Es desintegrador. Y no digo que seamos sólo animales. Pero a un nivel lo somos. Y necesitamos ese contacto. Si no, morimos de desnutrición. Creo que gran parte de nuestra necesidad abusiva de alcohol, de comida y otras adicciones se deben a nuestra carencia a este nivel.

 

5. La posesión y la dominación campan a sus anchas. Hemos creado unos patrones de relación muy dañinos. Basados más en la posesión y dominación que en el ser y el compartir. Esto ocurre una y otra vez en nuestra manera de relacionarnos casi de un modo invisible. A no ser que aprendas a sanar, a abrir los ojos y a despertar. Aprender a ver. A darte cuenta de cuándo suceden estos patrones. A comprender de dónde vienen. En ti y en los demás. Hay demasiado miedo a perder. Pero no nos damos cuenta de que no hay nada que perder. Sino que todo ya está perdido. Y todo está ganado. Nadie pertenece a nadie. Nada pertenece a nadie. Y creer lo contrario (que todos lo hacemos) es una ilusión.

 

6. Nuestros cuerpos necesitan expresarse. Si no les permitimos expresarse sufrimos las consecuencias. Estarán contraídos, apagados, tensos y así estará nuestro espíritu, nuestra mente y nuestro corazón. Por eso existe la danza desde tiempos inmemoriales. La danza es un regalo y un don que hemos recibido los humanos. Nos conecta con nuestro interior y con el exterior. Es un contacto sagrado. También ayuda a expresar nuestra singularidad, que es hermosa en cada uno de nosotros. Pero no sólo podemos expresar nuestros cuerpos por medio de la danza. También podemos hacerlo por medio de una caricia, de un abrazo, de un beso, del placer sexual, de una mirada, de una carcajada o de un canto.

 

7. Nuestras miradas nos conectan y pueden derrumbar muros. “Las palabras están llenas de falsedad o de arte, la mirada es el lenguaje del corazón.” Esto lo dijo Shakespeare, que como todos sabemos no era un ignorante. Además es una verdad que en el fondo todos sabemos que es cierta. Nuestras miradas son la ventana a nuestro interior. Pero nos miramos muy poco. Vivimos en una sociedad con muchos miedos. En cada mirada hay varias capas de protección. ¿Pero en realidad de qué nos protegemos? Creo que en realidad protegemos a los demás de ser nosotros mismos. Y así nos hacemos daño a nosotros y a ellos.  ¿Y cómo se caen esas capas, esos muros? Con otra mirada. Dos miradas se encuentran. Dos miradas se reconocen. Dos miradas se reflejan. Dos miradas se sanan. Échale un vistazo a este video si quieres contemplar el poder de la mirada.

 

8. Necesitamos ser más nosotros mismos. Nada es casual. Estamos aquí por algo. En una piel en concreto por algo. El mundo te necesita A TI. No necesita ningún disfraz, máscara ni armadura. Te necesita A TI urgentemente. Vivir en tu singularidad te hará sentir bien. Pero además hará sentir bien a los demás. Es un acto de servicio. Y hay mucho por hacer. Cuando llevamos a cabo nuestros proyectos, nuestras ilusiones, nuestras inspiraciones e intuiciones, cuando abrimos nuestro corazón al mundo, en ese momento estamos sirviendo al mundo. Lo que podría parecer ser egoísta es un gran acto de generosidad y contribución al mundo.  Necesitamos ser más nosotros mismos, y movernos con nuestros elementos y nuestras tribus.

 

9. Dar y recibir son las caras de la misma moneda. La energía de nuestra vida fluye en el constante dar y recibir. Si cerramos la puerta a cualquiera de estos dos movimientos nuestra vida se estanca. Así que ábrete a la abundancia del dar y del recibir. Son lo mismo y necesitas a ambos en tu vida. Y si estás en un momento de mayor recibir que de dar o al revés, permítete que así sea. Porque el que recibe está dando al que da la oportunidad de dar. Y el que da está recibiendo la oportunidad de dar. Lo importante es que ambos surjan de la incondicionalidad.

 

Creo que podría seguir eternamente contándote cosas que he aprendido este fin de semana y haciendo biodanza. Pero nos necesitan ahí fuera. Es un placer tenerte por aquí conmigo. Y me siento muy agradecido y honrado con que dediques parte de tu preciado tiempo leyendo estos artículos. Si quieres darle una oportunidad a la biodanza en tu vida, te animo a que lo hagas y a que te des la oportunidad de vivir más de una clase y de un facilitador si de primeras no te cala. Ahí existe un camino y necesita su tiempo.

 

Para terminar quiero dedicar este artículo a Bea, mi facilitadora de Biodanza, por su generosidad, su talento y su pasión desbordante. Y a toda mi tribu que, sin excepción alguna, tienen un lugar en mi corazón. Os quiero.

Este bonito Mandala lo creamos entre toda la tribu este fin de semana. Habla por sí solo.

 

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2 responses to “El Cielo En La Tierra (9 Aprendizajes de un Fin de Semana de Biodanza y Amor)”

  1. Hola Gonzalo. Qué bien describes tu experiencia. Aun no he probado la biodanza, pero la verdad tengo mucho interés en hacerlo. Bailar siempre me ha gustado, y he hecho cursos de salsa y bailes latinos, conocí a multitud de amigos y gente estupenda. Pero biodanza debe ser algo mucho más grande: una conexión a un nivel muy superior. ¿Me podrías decir dónde lo has hecho? Sé que hay muchos sitios, pero siempre es mejor que alguien te lo recomiende. Y por cierto, conocí tu blog a través de Hana Kanjaa y decirte que me ha encantado. Tiene mucho que ver con cómo pienso y lo que me interesa. Enhorabuena y te sigo a partir de ahora. Un abrazo..

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