El Gran Sueño de los Espejos

 

Por Gonzalo Fuentes

 

“Como es arriba es abajo,

como es adentro es afuera.”

Hermes Trimegisto

 

Vivimos en un gran sueño. Un gran sueño de dimensiones infinitas. Y como en todo sueño, en él encontramos información muy interesante y relevante sobre el soñador, sobre nosotros mismos. Somos soñadores y sueño al mismo tiempo.

 

Desde que hace unos años empezara a conocer el trabajo de Jung gracias a un estupendo libro para guionistasy el posterior descubrimiento de algunas explicaciones más ancestrales sobre la realidad y el ser, cada vez veo más evidente lo que os quiero contar en el artículo de hoy. Un mapa muy práctico y enriquecedor para conocer más de ti mismo y de tu vida. Algo que en realidad no he inventado yo y que como ya he dicho sólo es un mapa para navegantes y una cuestión de percepción. Pero de una potencia y alcance extraordinarios. A mí me gusta llamarlo la teoría de los espejos.

 

Todo con lo que te encuentras en tu vida y con lo que interactúas no es más que un reflejo de tu interior.

 

Este es el principio del que parte toda esta teoría. Nosotros, como individuos, somos un universo dentro de un gran universo. Y estamos rodeados de infinitos universos a su vez. Y en esencia todos somos el mismo universo.

 

Cada vez que te encuentras o interactúas con algo no es más que una faceta de ti mismo. O mejor dicho, cada vez que percibes algo (y es algo que no paras de hacer ni un momento), no estás sino viendo un reflejo allá fuera de tu propio universo. Esto te da unas pistas tremendas sobre ti mismo, sobre lo que está ocurriendo en tu interior, sobre tus deseos, sobre tus represiones, sobre lo que está disfuncional en tu sistema, etc, etc, etc.

 

Ya he hablado anteriormente en el blog sobre el trabajo sobre la sombra. Ese concepto bautizado así por Carl Jung y que nos habla de todo aquel material (instintos, energías, cualidades, emociones… ) que en algún momento de nuestra vida reprimimos y guardamos en lo más profundo de nuestro inconsciente para protegernos de aquello que alguna vez sentimos como doloroso, peligroso o amenazante. La sombra está por todos lados, en nuestros inconscientes como individuos, en nuestros inconscientes como sociedades, y en nuestro inconsciente como humanidad. Es todo aquello que hemos etiquetado como “malo”, pero que por desgracia nos influye disfuncionalmente desde dos vertientes.

 

Por un lado hay partes de nosotros que reprimimos que en realidad nos benefician y que no nos hace ningún bien tenerlas escondidas. Un ejemplo claro puede ser la emoción de la alegría. No sentir ni expresar una emoción tan maravillosa y ligera como es la de la alegría. Y créeme, esto ocurre. En algún momento del pasado puede que expresaras esta emoción desde la pureza de tu ser y alguien te censurara o se viera relacionada con un hecho traumático, entonces tu procesador interno superpotente y preciso la catalogaría como mala, dañina o peligrosa y quedaría abandonada al limbo de lo inconsciente. Y esto puede, y suele, pasarse de generación a generación en las familias. Puede ser la alegría, o la expresión sana de tu sexualidad, o la capacidad de dar, o el poner límites y protegerte a ti mismo, o la capacidad de juego, o la relación con tu cuerpo, o cualquier cosa que en realidad hace tu experiencia de la vida mucho más gratificante y que por una mala interpretación de un acontecimiento (¿ves como todo es percepción?) se trunca y hace la vida mucho más complicada e incluso dolorosa.

 

La otra vertiente serían todas esas pulsiones humanas que sí que pueden ser peligrosas y que no nos gusta ver de nosotros mismos. En realidad, no difieren mucho de las anteriores, ya que también forman parte de nuestra naturaleza, pero al establecerse normas de conducta y comportamiento para vivir en un mundo “en paz” puede que consigamos todo lo contrario al abandonarlas a nuestro subconsciente. La ira, la violencia, la envidia, la rabia, el odio, el ansia de poder, el instinto asesino, y otras muchas, todas ellas forman parte de lo que puede ser la paleta de colores y opciones de la experiencia humana. No significa que tengamos que hacer uso de ellas, pero de alguna manera es sano reconocerlas en nuestro interior, hacerlas conscientes, integrarlas y colocarlas en el lugar que les queramos dar. Si están simplemente latentes dentro de nosotros pero en un estado de inconsciencia sobre ellas, de esta manera sí que pueden influenciarnos en nuestro comportamiento, siendo éste disfuncional y en ocasiones incluso peligroso. Quiero aprovechar aquí para hacer una distinción que considero muy importante. Aunque puede habitar el mal en nosotros, estoy más que convencido que nuestra naturaleza más profunda y esencial es amorosa.

 

Me he alargado un poco con este tema de la sombra, pero viene muy bien para entender lo que os quiero explicar hoy. Una de las maneras más prácticas de detectar algo reprimido en nosotros es cuando algo nos desagrada, nos tensa especialmente, nos atrae, o nos emboba especialmente al verlo, percibirlo o intuirlo en otra persona. Pueden ser cualidades positivas o negativas, pero esa “activación” en nosotros es la que está señalando la existencia de dicho material reprimido.

 

Pero la teoría de los espejos va mucho más allá. Es de una implicación tan vasta que ya no tienes que relegar tu sanación y evolución personal a tan sólo ir a una terapia, un taller, un especialista o un coach (aunque es muy inteligente hacer uso de ellos). La vida está constantemente enseñándote y mostrando algo sobre ti. Porque vives rodeado de espejos. Y eso es increíble. Porque te conecta y a la vez te enseña.

 

Obviamente las otras personas son un universo tan amplio e infinito como el tuyo propio, pero en realidad creo que cuando interactuamos con otras personas, hay algo en lo que percibimos de esa persona, de la manera en que vivimos a esa persona en nuestro interior, que prevalece sobre todo lo demás. Algún rasgo, alguna cualidad, o incluso alguna emoción. Y eso mismo, ese aspecto que prevalece, no es sino algo que también está en nosotros. En esencia. Normalmente de manera inconsciente o latente.

 

Si, por poner un ejemplo, alguna o algunas personas en tu vida tienen algún rasgo de posesividad (sobreprotección, celos, instinto maternal mal entendido,… ) que prevalece en tu percepción de ellos o ellas, es porque tú tienes el aspecto de la posesividad de alguna manera latente en ti. O te relacionas con gente que tiene algún problema de relación con el dinero (algo muy habitual por otro lado), en realidad estás viendo tu problema de relación con el dinero o alguna otra cosa relacionada con dicha cuestión.

 

O también te puede ocurrir que hayas vivido una ruptura sentimental recientemente, por ejemplo. Entonces imagina que te encuentras con personas que, o bien han vivido también una ruptura hace poco, o una pasada pero aun presentes en ellos, todo eso son buenas informaciones de lo que está pasando, ha pasado o puede pasar en tu propia experiencia. Estás recibiendo constante información. Porque estás reflejando afuera lo que hay dentro de ti.

 

Es como si la vida y tu ser más interior y más sabio buscaran las situaciones y personas que más reflejan lo que hay en ti y ayudarte en tu camino evolutivo y de sanación. Una vez te pones esta lente te asombras de lo que ves y vives en una lección y autoconocimiento constante. Pero no estoy diciendo esto para que juzgues a los otros por lo que ves en ellos, sino para que te ayude en tu propio camino. Porque al fin y al cabo tú sólo percibes unos reflejos, una fracción, una pequeña parte, y ellos sólo existen en tu vida porque tú los percibes. Es un sueño construido de una manera fabulosa. Con infinitas capas por descubrir.

 

Todo esto te lo digo para que estés más despierto y alerta a lo que ocurre a tu alrededor. No para que lo racionalices en exceso ni para que te culpes porque has descubierto en ti algo que te molesta de otra persona. No. Todo ha de ser mucho más sencillo y ligero. Permite que toda esa información la procese tu ser más profundo y sabio. Deja que tu intuición funcione. Tu parte racional y cognitiva es mucho más torpe, no te centres en ella. Se puede volver en tu contra si no. Y sobre todo, maravíllate. Porque adentrarse en este universo de espejos y reflejos es alucinante. Es como entrar en la madriguera de Alicia. O volverte consciente de la caverna de Platón. O tomarte la pastilla roja de Matrix. El asombro obrará más milagros en ti que la razón.

 

Quizás descubras que quieres brillar como lo hace esa otra persona, o sanar algo de tu interior, o reconocer una emoción que no te permites sentir, o un patrón de conducta que te impide ser más libre. Más libertad y gozo están a la vuelta de la esquina. Sigue a la liebre.

 

Este reflejo de ti se despide hasta la próxima. Puedes dejar un comentario más abajo. Son más que bienvenidos.

 

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