El Mayor Enemigo del Cambio (Una Dura Verdad y 8 Pasos para Vencerlo)

 

Por Gonzalo Fuentes

 

“Tu segundo error podría ser suponer que la gente está ansiosa por cambiar.”

Seth Godin

 

Me encontré con la cita de Seth Godin de aquí arriba hace una semana. Y me dejó patas arriba. Incluso se tambaleó en mí el sentido de seguir haciendo este blog. Porque me llevó a reflexionar muy seriamente. ¿Realmente la gente quiere cambiar?

 

Pocos días después y de manera completamente inesperada las visitas diarias a El Día Después aumentaron en más de un 500%. ¡En tan sólo 4 días el número de suscriptores ha crecido más de un 50% con respecto a lo que había conseguido en 8 meses! Hasta el punto de que recibir constantemente notificaciones de “nuevo suscriptor” se ha convertido en algo normal durante estos últimos días. Sin duda el mayor salto a nivel de repercusión y alcance desde que empecé el blog. Y aunque esto supone un respaldo a un trabajo importante que llevo realizando desde que empezara el año, esto también me ha puesto nervioso. Me ha producido vértigo. Pero sobre todo creo que lo que sentí fue miedo al cambio que eso supone para mí. (Que haya sentido todo esto no significa que no haya sentido también agradecimiento, ilusión y asombro. También quiero aprovechar para dar la bienvenida a todos aquellos nuevos suscriptores que habéis aterrrizado por aquí estos días.)

 

Pero, realmente, ¿la gente quiere cambiar?

 

Yo pienso que en una gran parte de nuestro ser la respuesta es NO. La gente no quiere cambiar. O por lo menos no muestra en acción ese ansia y ese deseo por cambiar. Es una dura verdad. Lo he dicho una y otra vez, somos animales de costumbres. Y por lo tanto, toda acción nueva, todo nuevo emprendimiento, supone salirnos de eso a lo que estamos acostumbrados. Es ahí cuando entramos en el terreno de lo desconocido y de lo incómodo. Justo donde empieza “la vida”. Me pregunto, ¿nos hemos entrenado socialmente a tener miedo a lo desconocido, a los desafíos, a salir de nuestra zona cómoda y a “hacer posibles cosas” en este mundo? ¿No es, como ya dije en otro artículo anterior, este estado del bienestar una trampa? ¿No está dentro de nuestra naturaleza más auténtica la necesidad de salir de dicha zona de comodidad para crecer y CREAR en este mundo? ¿No tensamos demasiado la cuerda cuando permitimos que sean “otros” los que crean en este mundo? ¿No es mejor despegarnos de nuestras sillas y hacerlo también nosotros? ¿No nos lleva dicha represión (no sólo externa sino interna) a estallidos de violencia una y otra vez en nuestra historia?

 

Quizás una pregunta mejor sea, ¿realmente merece la pena cambiar? A lo que se podría contestar con otra pregunta, ¿realmente merece la pena vivir?

 

Supongo que con tanta pregunta te estarán llegando respuestas a tu cabeza. Y quizás entre dichas respuestas te estés dando cuenta de otra verdad. La gente SÍ quiere cambiar. O por lo menos en otra gran parte de su ser. En parte por lo que ya he dicho, porque dentro de cada uno de nosotros, por muy oculto que pudiera estar, tenemos el deseo de crecer, crear y contribuir en este mundo. Como lo hacen las plantas. Como lo hace la naturaleza. ¿No quieres cambiar y mejorar las cosas, en ti mismo y en tu entorno? Lo dudo mucho.

 

Algunas de las cosas que se me ocurren son:

 

Queremos crecer, aprender y experimentar cosas nuevas. Porque si no nos aburrimos. (¿Te suena de algo la apatía?)

 

Crear y hacer posibles cosas debido a nuestro instinto creador. Y no me refiero sólo al mundo del arte.

 

Mejorar nuestra experiencia de la vida y sentir que evolucionamos. Sentirnos más a gusto en nuestra piel y en nuestro entorno.

 

Por otro lado, creo que hay cambios que deseamos que son mayores que nosotros como individuos. Que subliman nuestro propio egoísmo aunque al buscarlo de alguna manera también nos vuelve egoístas. Cambios en el sentido de:

 

Ayudar y servir a los demás. Contribuir a la felicidad de otro es una de las mayores satisfacciones humanas. Aunque no creo que tenga que ser a costa de la propia.

 

Proteger los recursos del planeta como herencia de nuestros hijos y de las próximas generaciones.

 

Crear una experiencia de vida mejor para dicha descendencia.

 

Crear un mundo mejor por la simple belleza y disfrute de crearlo. Porque al fin y al cabo es nuestro mundo.

 

El gozo y la satisfacción de sentir el poder humano. Y creo que esa satisfacción se amplía exponencialmente si es en relación al beneficio de todos.

 

Una vez reconocido ese lado que SÍ quiere cambiar, volvamos al anterior. ¿Cómo actúa y cómo piensa nuestro yo que NO quiere cambiar? ¿Cuales son sus mecanismos? ¿Cómo respira? Yo creo que todo se podría resumir de alguna manera en un solo arma.

 

La Resistencia

 

¿Alguna vez has tenido una gran idea que te ha ilusionado? Quizás un día te acuestas entusiasmado con esa buena idea y a la mañana siguiente el entusiasmo se ha esfumado. O quizás aunque la ilusión siga empieces a fijarte en los “peros” y en esas razones que vuelven casi estúpido llevar a cabo dicha idea o cambio.

 

Te presento a la resistencia.

 

La resistencia puede ser muy compleja y peliaguda. Yo aquí voy a intentar simplificarla para entenderla lo mejor posible y ver qué se puede hacer para superarla.

 

Ya dije en otros artículos que pensar y enfocar nuestra mente en lo que queremos y deseamos nos hace sentir bien. Y que pensar y dirigir nuestros pensamientos hacia lo que no queremos nos hace sentir mal. Bien, la resistencia nos hace sentir mal, porque dirige nuestros pensamientos hacia lo que no queremos.

 

Veamos algunos ejemplos para entenderlo lo mejor posible.

 

Te gusta una persona. Pero no te sientes muy seguro de ti mismo y eres tímido. Cuando piensas en esa persona y en lo que podría significar estar con ella te sientes de maravilla y casi te sientes volar. Tanto que trazas un plan. Vas a intentar conectar con dicha persona y ser más parte de su vida. Porque quién sabe lo que podría pasar… Pero cuando vas a romper el hielo y entablar alguna conversación, te asaltan las inseguridades y las dudas. Empiezas a imaginar escenarios desastrosos de rechazo. Vas a hacer el ridículo. Lo vas a hacer mal. Te va a mirar con mala cara. Vas a tartamudear. Has pasado de pensar en lo que quieres a pensar en lo que no quieres. Estás resistiendo.

 

Otro ejemplo. Siempre has soñado con formarte en algo que te gusta porque crees que podrías ser feliz dedicándote a ello. O emprender un trabajo o proyecto nuevo. Pero ahora ya tienes un trabajo que aunque te pasas horas maldiciéndolo internamente lo sabes realizar y te permite sobrevivir. Tienes que salir de tu zona de comodidad para llevar a cabo tu nueva aventura. Empiezas a dar pasos, recoger información, preguntar a gente que ya está haciendo lo que quieres hacer tú, etc. Obviamente, el salir de tu zona de comodidad trae nuevas emociones consigo. Nuevos pensamientos, nuevas sensaciones. El ser nuevas las convierte en extrañas. Y algunas pueden ser intensas (no negativas, intensas). Entonces surgen pensamientos. ¿Qué estoy haciendo? ¿Dónde me estoy metiendo? ¿Voy a ser capaz? ¿Seguro que voy a ser más feliz así? Surgen nuevos pensamientos que te hacen sentir mal. Se han activado en defensa. La resistencia de nuevo en acción.

 

Estos son sólo dos ejemplos. Para que entiendas cómo funciona. Pero lo puedes (y debes) aplicar a todo. A cualquier situación.

 

La resistencia está ahí para protegernos. Es natural en esencia pero desnaturalizada casi siempre en contexto. Aprende a entenderla. Poco a poco.

 

Por lo que he ido diciendo y porque cada persona y situación es un mundo, te irás imaginando que la resistencia tiene mil caras. Y no surge sólo en nuestros comienzos, sino una y otra vez en los procesos de cambio. Por lo que hay que aprender a convivir con ella. También te sirve para comprender mejor a los demás. ¿Te has fijado por ejemplo en esas personas que parece que están en constante mal humor y sintiéndose mal todo el rato? Están constantemente resistiendo.

 

Veamos ahora qué podemos hacer para gestionarla.

 

Cómo vencer la resistencia en 8 pasos

 

Quitando una infancia sin grandes resistencias, muy pronto en mi vida comencé a ser un experto resistidor en muchos aspectos. Y aun sigo siéndolo muchas veces. Así que creo saber de lo que hablo.

 

Estos son los pasos que a mí me han servido y aun lo hacen para vencer la resistencia:

 

1. No resistas la resistencia. Ese es el primer gran error en el que caemos. Si intentas resistirla lo único que haces es generar más resistencia. Acéptala. Permite que las cosas sean como son. Acepta el momento en que te encuentras y no lo combatas. Aceptar no significa conformarse. Es desde esa sutilidad de la aceptación desde donde puedes crear el cambio. Y ser más feliz.

 

2. Obsérvala. Obsérvala atentamente y con suma curiosidad. Todos los pensamientos que genera y todas las emociones que surgen. Sean cuales sean. Sin juzgarlos. Como si fueras un explorador de ti mismo o un investigador en su laboratorio cuyo objeto de investigación es tú mismo. Recuerda activar la  observación cada vez que te sientas mal.

 

3. Enfoca tu mente en lo que quieres. Observar tus pensamientos y emociones mientras surge la resistencia te vuelve consciente de ellos. Lo normal en esta nueva fase es que automáticamente tu mente busque pensamientos más beneficiosos. La consciencia es en sí misma transformadora. Pero aun así, si eso no surge del todo, tú puedes poner aun más de tu parte. Sabes que la resistencia te lleva a esos pensamientos sobre lo que no quieres, así que llévalos conscientemente a donde sí quieres. El siguiente paso te puede ayudar aun más en esto.

 

4. Sumérgete en lo que quieres. Rodéate lo más que puedas de cosas que te recuerdan lo que realmente quieres. Puedes hacerlo de muchas maneras. Leyendo libros, escuchando audios en tu ipod, investigando por internet, siguiendo blogs sobre los temas que te interesan, acercándote a lugares donde hay gente con los mismos pensamientos, buscar a gente que ya lo ha conseguido, etc. Haz un proceso de inmersión constante en el tiempo. A la larga irá surgiendo efecto.

 

5. Anticipa la resistencia. Ahora sabes que existe. Y en la medida que la observes irás conociéndola más y más. Así que lo mejor es que no te pille desprevenido. A partir de ahora con cualquier cambio o idea que quieras llevar a cabo, anticípate a ella y reconoce que va a aflorar. Así sabrás mejor cómo actuar llegado el momento. Tu percepción cambiará una vez que estés dentro de cada proceso, así que si no vas preparado tendrás muchas menos posibilidades de salir airoso.

 

6. Dáte treguas. Cuando estamos en “modo deseo” a veces nos olvidamos del presente. Obviamente es importante cambiar, pero nunca vas a alcanzar la perfección. Por lo tanto la “imperfección” del momento presente también merece la pena ser vivida. Recuérdate que la experiencia humana merece vivirse en sí misma y no sólo en cuanto a los resultados. Estos momentos te darán energía y alas para seguir creciendo. Confía también en tu subconsciente que sigue trabajando en esos “descansos”.

 

7. Vuelve a empezar una y otra vez. No te rindas. Comprender y vencer a la resistencia es difícil. Quizás la tarea de toda una vida. Lo importante es mejorar la habilidad. Y es una de las mejores habilidades que puedas aprender en tu vida. Pero toda habilidad es sólo una cuestión de práctica. Irás mejorando poco a poco.

 

8. Medita. Meditar te ayudará enormemente a realizar todo este proceso. Te animo a que leas mi “GUÍA FÁCIL para empezar a meditar” y que empieces hoy mismo. Los beneficios son innumerables.

 

Y hasta aquí estos 8 pasos que espero te resulten de ayuda.

 

¿Cuál crees tú que es el mayor enemigo del cambio? ¿Qué cambiarías? Puedes dejar tus comentarios más abajo. Si no los ves pincha aquí.

 

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Muchas gracias por haberte tomado el tiempo de leer hasta aquí.

 

Feliz cambio.

 

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3 responses to “El Mayor Enemigo del Cambio (Una Dura Verdad y 8 Pasos para Vencerlo)”

  1. Luis José says:

    Lo de dar treguas me parece fundamental. A veces, nos metemos en algo muy nuevo para nosotros – estoy pensando por ejemplo en aprender a tocar un instrumento – y le dedicamos mucho tiempo y esfuerzo pero parece que no se ven los frutos. Todo lo nuevo tiene que ir madurando y asentándose bien, no hay que tener prisa sino ser constante.
    Saludos

  2. Amparo says:

    Me desanimo, soy inconstante!

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