¿Hay Emociones “Malas”? (El Juego al que Todos Jugamos)

 

Por Gonzalo Fuentes

 

“To be yourself is all that you can do.”

(“Ser tú mismo es todo lo que puedes hacer.”)

Be Yourself, Audioslave

 

Todos nosotros deseamos tener pensamientos y emociones positivas. No sólo porque nos hacen sentir bien sino porque nos proporcionan resultados distintos y mejores. Pero en la vida existen también otras emociones incómodas e intensas que también afloran en determinadas situaciones y que a veces las reprimimos.

 

En realidad creo que por encima de todo, lo más importante, como diría Napoleon Hill, es tener una Actitud Mental Positiva. Porque en la vida necesitamos hacer uso de la paleta completa de emociones. Todas son necesarias. Están ahí por algo. Obviamente unas nos resultan más placenteras que otras. Pero ahí están.

 

Digo esto porque muchas veces dentro de esas corrientes del pensamiento positivo que tanto nos gustan caemos en un error: la represión de determinadas emociones, aspectos y rasgos de carácter que no dejan de ser naturales. Y dicha represión nunca puede ser el camino de la felicidad ni de una vida plena.

 

Alan Watts habla de ello como “El juego del blanco y negro”. Todos, sin excepción, jugamos a este juego. En él, la regla principal es que el “blanco” debe ganar. Y dependiendo de la persona, “blanco” será una cosa u otra. Así que dividimos las cosas de este mundo en dos categorías: blanco y negro, bueno y malo, deseable y no deseable, correcto e incorrecto, apropiado e inapropiado, etc. Y eso mismo hacemos con las emociones y con determinados rasgos del carácter.

 

Un claro ejemplo dentro del mundo del pensamiento positivo sucede con la emoción de la ira o la rabia. Enfadarse no es bueno, ni apropiado. “Se supone que tengo que estar en paz con todo”, “No debería cabrearme”, “Debería reaccionar con mayor ecuanimidad y desapego”, “El enfado no es apropiado en una persona feliz”. Al etiquetar dicha emoción como algo “malo”, algo que pertenece a la categoría del “negro”, la solución es reprimirla.

 

¿Pero qué sucede cuando reprimimos una emoción? ¿Se elimina y ya está? Obviamente, no. Es algo que forma parte de nuestra naturaleza. Es lo mismo que si dijera, “mira, yo quiero vivir sin respirar, porque me parece aburrido tener que respirar constantemente”. Así que decido ponerme unos tapones en la nariz y taparme la boca con un esparadrapo. Pero como nuestra naturaleza nos obliga a respirar para vivir, o bien consigo hacerlo por las orejas o tendré que librarme de tanta obstrucción. Al final tendré que respirar. Y lo mismo pasa con las emociones, al final saldrán por algún lado. Pero además, al haberlas reprimido, se expresarán de una manera disfuncional.

 

Esto no sucede únicamente en el mundo del pensamiento positivo. Es mucho más normal de lo que podamos pensar. Como ya he dicho más arriba, TODOS jugamos al juego del blanco y negro. Es inevitable. Tanto como querer separar el Ying y el Yang, o quedarnos sólo con el día, o sólo con la noche. Y en ese juego, todos dividimos las cosas de la vida en esas dos casillas diferentes. Lo cual incluye a nuestros padres, tutores, y sociedades en las que crecemos. Los cuales, junto con las experiencias de nuestra vida, nos van conformando dividiendo nuestro mundo en esas dos categorías. Pero, ¿es mala esa clasificación interna? (De nuevo el juego del blanco y negro.) No. De hecho nos aporta un mapa para navegar por la vida, unos valores, una ética,…

 

Lo que ocurre es que algunas de esas etiquetas y clasificaciones no nos ayudan a navegar por nuestra vida adulta, o por lo menos, no a navegar de una manera feliz y saludable.

 

Así nos encontramos, en función de cada persona, con muchos rasgos, emociones y aspectos de la vida que reprimimos, lo cual lleva a expresarnos de manera disfuncional. Por ejemplo, una persona que reprime su enfado, aun escondiéndolo, puede ser percibido por los demás como amargada, o enfadada con el mundo. Porque no muestra su enfado cuando es necesario. Pero esta emoción es de hecho muy útil ante una situación de injusticia o cuando sentimos que alguien ha roto algunas de nuestras reglas (esto último solo daría para otro artículo).

 

Con esto no quiero decir, que nos quedemos en la emoción. Ni que nos volvamos adictos a ellas,  que también pasa. Las emociones son pasajeras. Los niños son un claro ejemplo de ello. Pero si las reprimimos, se quedan estancadas en nuestro interior.

 

Por lo tanto, y como ya te habrás imaginado, es útil revisar qué emociones, rasgos y aspectos necesitan ser reincorporados para que se desarrollen de una manera funcional y madura.

 

Algunos típicamente reprimidos son: la ira, el egoísmo, la envidia, la sexualidad, la ambición, la tristeza,… , pero también otros como la alegría, el cariño, el júbilo, mostrar vulnerabilidad, etc. Todas estas emociones y rasgos son lícitos, son parte de ser “humanos”, y como tal, al reincorporarlos de manera natural, aceptándolos, maduran de manera positiva. El egoísmo puede madurar en amor hacia uno mismo, la envidia en admiración, etc.

 

El problema es que la mayoría de las veces esta represión de emociones y rasgos sucede de manera inconsciente. Lo cual nos lleva a la siguiente pregunta:

 

¿Cómo podemos saber qué emociones, rasgos o aspectos estamos reprimiendo?

 

Los siguientes puntos te ayudarán bastante a descubrir que estás reprimiendo en tu vida y te impide ser más completo.

 

1. Observa cómo reaccionas ante los demás y ante distintas situaciones. Si hay alguna persona que te descentra, te produce una emoción intensa (positiva o negativa), te saca de tus casillas, es probable que esta posea algún rasgo que tú reprimes y rechazas en ti. Ahí ya tienes una pista. Es lo que se denomina “sombras”. Aquellas cualidades, rasgos, aspectos, emociones presentes en otra persona y que nosotros decidimos en algún momento de nuestra vida sustraerlo al cajón de lo inapropiado. Al interactuar con una persona que lo tiene bien presente, se activa en nosotros algo como un resorte, a veces de manera bastante incómoda.

 

2. Pregúntate: “¿Qué parte de mí puedo estar reprimiendo que posee esta persona o esta situación?”

 

Sé analítico y observador de la otra persona o situación por una lado, y por otro observa con curiosidad y detenimiento todas las emociones que van surgiendo en tu interior. Si permites que esos aspectos “negativos” se expresen en tu ser de una manera natural, lograrás ser más feliz dentro de tu condición humana. De modo que obsérvate con curiosidad cuando algo detone y haga aflorar algún lado oculto y reprimido en tu ser. Observa tus pensamientos, tus emociones, tus sensaciones. Hazlo en el momento. Eso te hará más consciente. Observa a su vez los rasgos de la otra persona, aquellas emociones que expresa, aquellas cualidades y aquello que consideras “defectos”.

 

3. Experimenta a expresar tus partes reprimidas. A enfadarte cuando lo sientas, a dar un abrazo cuando lo sientas, a mostrarte vulnerable, a estar triste si es lo que sientes. Dependiendo de qué rasgos hayas apartado de tu vida. Tómalo como un juego. O como un ejercicio que requiere práctica. Como un redescubrirte de nuevo. Ve dando pasos poco a poco.

 

4. Déjalo ir. Pasa por la emoción. O por aquello que sientas. Transítalo con aceptación. Después has de dejarlo ir. Que lo aceptes como una parte de ti no significa que te defina ni que te tengas que quedar ahí estancado.

 

Puedes usar el siguiente guión interno para aceptar y liberar emociones. ¿Acepto y permito esta emoción (o lo que sea) exactamente tal y como es? Respóndete. ¿Estaría dispuesto a liberarlo? Responde. ¿Lo dejaría ir? ¿Cuando? ¿Ahora? Ve respondiendo a cada una de las preguntas interiormente con un sí o un no. Da igual la respuesta. Lo importante es llegar hasta el final. Es un proceso muy poderoso de aceptación y liberación. Puedes utilizarlo siempre que lo creas conveniente.

 

Reincorpora todos esos rasgos, esas emociones, esas cualidades. Acepta tu ser al completo. Así es como debe ser. Así es como serás más feliz siendo un ser humano.

 

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5 responses to “¿Hay Emociones “Malas”? (El Juego al que Todos Jugamos)”

  1. Alfvareick says:

    Me encanta, este tema. La dualidad que necesitamos para clasificarlo todo, y que al final nos produce hasta un interior binario. Lo más entretenido para mi es ver como lo “bueno” y lo “malo” va cambiando según la época, las creencias, el contexto, el sustrato, la profesión, la formación, la familia, la cultura, el género, el estatus… Apasionante ponerse las gafas del psicoanálisis 😉 y observar… quizás sea momento de verme interiormente y analizar las sombras o nudos internos que pueda tener y que no conozca.
    Gracias Gonzalo!

  2. Juan says:

    Graaaaaaaaaacias una vez más. Estoy convencido de que además eres adivino.
    Sí, la autoobservación no la practico a menudo (más bien nunca) y la resistencia que ofrezco es demasiada.
    Esclarecedor una vez más

  3. Guadalupe Aida says:

    Muy interesante, esto nos lleva a aceptarnos en la totalidad, en lo que es todo nuestro ser, estamos en contacto con emociones muy dinámicas, cambiantes, “buenas” o “malas”, “positivas” o “negativas” provienen de nosotros, son parte de nosotros y es conveniente aceptarlas mas que clasificarlas, vivirlas y soltarlas y así permitir el paso a nuevas emociones quizás mas intensas quizás mas suaves, pero sin duda parte de mi ser, parte de quien soy yo….

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