Tu Presencia Es Necesaria. (Herramientas Para Desarrollar Más Presencia)

 

Por Gonzalo Fuentes

 

“La presencia es en sí misma sanadora.”

Hari Dass

 

Cada vez lo tengo más claro. Empezamos a enfermar cuando dejamos de estar presentes. Y me estoy refiriendo a todo tipo de enfermedad. No sólo física, sino también mental, social y espiritual. Y especialmente a estas tres últimas, aunque muchas enfermedades físicas puedan tener su origen en esto también.

 

Hemos aprendido a vivir tanto en nuestras cabezas y en nuestras “ideas” de quiénes somos y qué son las cosas que hemos empezado a estar ausentes. Ausentes de nuestros cuerpos, de nuestras emociones, de nuestras intuiciones más profundas, de los demás y del planeta.

 

En realidad empezamos a estar “ausentes” desde muy pequeñitos, cuando nos ocurre algo que provoca que alguna parte de nosotros se vuelva ausente.

 

Este fin de semana he tenido la inmensa suerte de participar en un hermoso e intenso taller de amor y sexualidad consciente impartido por Hari Dass. Y he podido contemplar como nuestra simple presencia es sanadora. Como la simple imposición de una mano sobre una persona, si es puesta con consciencia y presencia, comienza un proceso de liberación y sanación en la otra persona, de asuntos acumulados durante toda una vida. Y no me estoy refiriendo a Reiki ni a otras técnicas curativas, sino a “simple presencia”.

 

Y esto me ha hecho reflexionar. Y escribir este artículo que quizás te haga pensar que quizás ya se me haya ido de las manos definitivamente y pienses, “¡Gonzalo se ha vuelto un hippy!!!!”

 

Dejamos de estar presentes cuando no queremos sentir una emoción. Dejamos de estar presentes cuando algo nos traumatiza y negamos una parte de nosotros mismos desde ese momento. Dejamos de estar presentes cuando se nos hace sentir rechazados cuando no somos más que pequeñas criaturas. Dejamos de estar presentes cuando nuestras relaciones no son verdaderas. Dejamos de estar presentes cuando dejamos de expresarnos. Dejamos de estar presentes cuando no vivimos nuestros dones. Dejamos de estar presentes cuando nos creemos cosas sobre nosotros mismos que no son ciertas. Dejamos de estar presentes cuando cerramos nuestro corazón porque algo nos duele y nos negamos a experimentar dicho dolor. Dejamos de estar presentes cuando empiezan a haber secretos en las familias y falta de comunicación. Dejamos de estar presentes cuando llevamos sobre nosotros cargas de nuestros antepasados. Dejamos de estar presentes cuando desconectamos de nuestro cuerpo porque nos enseñan que el cuerpo es “malo” y que el cuerpo no es lo que vamos a necesitar para desenvolvernos en la vida. Dejamos de estar presentes cuando nos alejamos demasiado de nuestra madre naturaleza, a la que pertenecemos.

 

Y cuando dejamos de estar presentes, comenzamos a enfermar.

 

A enfermar en nuestra relación con nosotros mismos.

 

A enfermar en nuestra relación con los demás.

 

A enfermar socialmente.

 

A enfermar mental, emocional y físicamente.

 

¿Te parece exagerado lo que estoy diciendo? Mira a tu alrededor. Mira como esta la gente a tu alrededor. Emocionalmente, en su situación laboral, en sus relaciones personales, en sus familias. Mira como están las sociedades y su relación con sus gobiernos. Mira cómo funcionan las grandes empresas que rigen el mundo. Mira cómo se siente la gente de realizada. ¿Exagero?

 

Obviamente podemos “vivir” enfermos. Podemos seguir “construyendo” las vidas que vivimos de la manera que lo estamos haciendo. Podemos seguir “desarrollando” familias y sociedades enfermas. Y podemos seguir “sosteniendo” un planeta enfermo.

 

Aunque todos sabemos qué supone estar enfermo y en qué puede terminar todo.

 

Dos Tipos de Crecimiento

 

Claudio Naranjo, uno de los más importantes terapeutas de nuestro tiempo, habla que en la vida podemos tener dos tipos de crecimiento.

 

El más conocido es un crecimiento en la dimensión horizontal de la vida. Es decir, podemos desarrollar una carrera, crear una familia, conseguir cierto estatus social, poseer ciertos bienes materiales, etc.

 

Pero también podemos crecer en una dimensión vertical. Podemos ganar mayor consciencia de nosotros mismos, mayor comprensión, mayor conexión con nosotros y con los demás, sanar aquello que ha sido herido y nos impide ser más nosotros mismos, utilizar mejor nuestra mente y gestionar mejor nuestras emociones. Podemos aprender a estar más presentes.

 

Nuestras sociedades han dado mucha importancia al primero de los crecimientos, relegando al segundo a algo más que un segundo plano. Porque parece que es algo menos tangible. O más bien parece que da menos resultados a nivel económico. (Lo curioso es que es TAN GRANDE ya la necesidad, que en los últimos años ha surgido toda una industria no poco lucrativa en torno a este segundo plano de crecimiento.)

 

Pero sin el desarrollo de la segunda dimensión, hasta el primer tipo de crecimiento se ha empezado a estancar y a pudrir. Podemos seguir colocando como el primero de nuestros valores al dinero y seguir creando el mundo del que hablé más arriba. O podemos decidir evolucionar como sociedad y como planeta y quizás situar en ese primer lugar otro valor que quizás nos sea más útil, como el amor. Y quizás después la sanación. Aunque ambos van de la mano.

 

Porque este mundo necesita ser sanado. Y en el fondo no podemos dejar de ser quienes somos en realidad. Podemos vivir como fantasmas enfermos creando mundos enfermos o podemos recuperar nuestro poder, nuestro potencial personal, nuestra salud y crear un mundo que sea un espejo de lo que somos.

 

Buenas Noticias

 

Esto ya está sucediendo. La gente está despertando. Poco a poco pero de manera imparable. Todos sabemos en el fondo quiénes somos, y las tonterías que tenemos en nuestras cabezas no nos van a impedir realizar este cambio. Porque el cambio surge de nuestro interior. Ese interior que habíamos relegado a la ausencia por miedos, heridas y traumas. Pero en la medida que permitimos que ese interior surja, nuestros miedos, heridas y traumas empiezan a sanar. Y en la medida que sanamos nuestros miedos, heridas y traumas, ese interior surge cada vez con más fuerza.

 

Claro, existe una resistencia. En la medida que estamos más ausentes vivimos más en nuestras cabezas. En nuestros egos. En la idea que tenemos de nosotros mismos y de las cosas. Y estas ideas están muy arraigadas. Por lo que nuestros egos se resisten. En principio es mucho más cómodo vivir ausentes que presentes, no dejamos de ser animales de costumbres. Y ahí parece que nos sentimos más seguros. ¿Qué hacer entonces con dicha resistencia?

 

Nada. Acéptala. Reconócela y acéptala.

 

Pero entonces, ¿cómo podemos hacer para estar más presentes?

 

Herramientas para Desarrollar Más Presencia en Nuestras Vidas

 

De nada sirve la teoría si no se pone en práctica. Así que aquí os dejo una serie de herramientas realmente útiles y realmente generadoras de Presencia. Sólo tienes que ir aplicándolas e integrándolas en tu vida. Poco a poco pero con perseverancia.

 

1. Respira con consciencia. Es algo muy básico y ya lo he repetido más veces. Pero es algo muy poderoso y que una inmensa mayoría de gente no hace. Aunque la respiración vaya sola, en distintos momentos del día acuérdate de observar tu respiración. Aunque sólo sean 3 respiraciones. Observa cómo entra el aire en tu cuerpo, llena tus pulmones y empuja tu diafragma. Observa cómo sale solo. La respiración es uno de los más poderosos nexos de unión con el ahora y con lo que eres en realidad. Conviértelo en una de tus prácticas más habituales.

 

2. Trabaja con tu cuerpo. Vivimos en un mundo de sillas. Sillas en la oficina, en el coche, en el metro, en casa,… ¿Por qué? Porque vivimos en nuestras cabezas. Los cuerpos no nos hacen falta. Pero si queremos desarrollar presencia tenemos que “volver” al cuerpo. En principio cualquier actividad física es buena: algún deporte, correr, andar,… También la danza y el baile son muy recomendables. ¡También la Biodanza, que es mi último gran descubrimiento! Y aunque sea un tópicazo “new age”, lo bueno de prácticas orientales como el yoga, el taichi, el chi kung, las artes marciales, etc, es que trabajan mucho la consciencia corporal y a niveles más profundos de energía. Hagas lo que hagas, cuando lo hagas lleva tu atención completa a lo que haces o a tu respiración.

 

3. Escucha. Una práctica aparentemente sencilla pero ni tan fácil ni tan utilizada. La mayor parte de las personas no escuchamos. Sino que estamos pensando en qué podemos responder a lo que está diciendo el otro. Escucha con todo tu cuerpo, con todos tus sentidos, sin prisa por responder ni por dar tu tan preciada opinión. Entonces estarás presente. Y la otra persona lo agradecerá. Un buen entrenamiento para desarrollar esto es pararte a escuchar de vez en cuando el sonido ambiente sin juicio alguno. Sólo por el placer de escuchar. El sonido de los coches, de gente hablando, del viento, de un perro, del crujir del suelo. Cuando estoy en la calle, cada vez que escucho un pájaro piar me recuerda que he de escuchar y es como un “¡Eh! Vuelve aquí, Gonzalo.”.

 

4. Siente TODO tu cuerpo. Además de poner en movimiento tu cuerpo como he dicho en el punto 2, un buen trabajo de presencia es llevar tu atención a tu cuerpo. Es decir siente la vida que corre por tu interior. La respiración, las palpitaciones, los latidos, el calor. Pero si cierras los ojos, y a medida que vas siendo más consciente, también vas notando que tu cuerpo es mucho más. Dispones de un cuerpo no visible que se expande a tu alrededor. Siéntelo también. Este es el cuerpo que a veces te hace notar las vibraciones de otras personas sin tocarlas. Y aunque habrá escépticos al respecto, estoy convencido de que no dentro de mucho se hablará de esto en las noticias y en los suplementos dominicales de los periódicos.

 

5. Acepta todas y cada una de tus emociones. Da igual lo incómodas que sean. O lo poco acostumbrado que estés a ellas. Todas las emociones por las que pasas son esenciales en tu proceso. Cada uno tiene sus emociones tabú o repudiadas. Esas son las más necesarias para transitar. Rabia, rechazo, alegría, enfado, tristeza, amargura,… La-que-sea. Tú no eres esas emociones. Si las observas te darás cuenta. Y también te darás cuenta que son más físicas que mentales. Si las observas sin juicio alguno las notarás moviéndose por tu cuerpo. Piensa que son sólo energía. Puedes realizar este pequeño ejercicio para transitar con más facilidad por ellas. Repítete a ti mismo y vete respondiendo: “¿Acepto esta emoción tal y cómo es?” (Sí/No) “Podría soltarla y dejarla ir?” (Sí/No) “¿Podría liberarla?” (Sí/No) “¿Lo haría?” (Sí/No) “¿Cuando?” “Ahora.” O simplemente obsérvalas.

 

6. Haz el amor, no el sexo. Mira a los ojos de la persona que tienes delante. Conecta con él o ella. Conectar vuestras respiraciones, sentirlas. Disfrutar del medio. No busquéis sólo el fin. El sexo no tiene que ser sólo un medio para conseguir un fin. Esa es la materialización del sexo. Pero el sexo es una herramienta poderosísima de presencia, sanación y evolución. No estoy hablando ni de prejuicios, ni del sexo sólo después del matrimonio, ni nada por el estilo. Estoy diciendo que el sexo opuesto (o el mismo para el que así lo decida) no es ni el enemigo ni un objeto sexual. Y aunque no lo creas, hay mucho de esto en nuestro subconsciente colectivo. Existe en nuestras sociedades una carga negativa sobre el sexo, ya haya represión o libertinaje. En cambio, el otro, el sexo opuesto o quien quiera que sea, es nuestro amigo o amiga, y alguien con quien conectar, compartir y evolucionar. Y me refiero tanto a algo esporádico como a una relación más duradera. Sólo así honraremos lo que hay de masculino y femenino en nosotros (y sí, todos tenemos ambos aspectos). Tenemos mucho que sanar y colocar sobre este tema. Hemos dañado mucho nuestra sexualidad, primero reprimiéndola y después vanalizándola. Pero afortunadamente existen herramientas. Personalmente te recomiendo que eches un vistazo a los cursos que imparte Hari Dass. (Yo no me llevo un duro a cambio. Sólo una conciencia tranquila.)

 

7. Mantén tu atención en el presente. Como siempre digo, la meditación es muy poderosa a este respecto. Y existen infinidad de tipos de meditación: Zazen,Vipassana, Kundalini, Mantras, etc. Busca la más adecuada a ti. Pero si no quieres meditar, aprende a llevar tu atención plena a aquello que estés haciendo, a la persona con la que estás interactuando, etc. Entonces estarás aun más presente.

 

Estas son algunas de las herramientas que a mí me sirven y a otros muchos también. Vete probando e introduciéndolas en tu vida. Una a una. Poquito a poco. Y aunque existe mucha ausencia en el mundo, cada vez hay más gente presente. Acepta que en el proceso irás moviéndote entre presencia y ausencia. Es natural.

 

Tenlo “presente”, tu Presencia es necesaria en este mundo.

 

Más que nunca.

 

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