La Importancia de la Colectividad (Esto Marca Tu Rumbo y el de Todos Nosotros)

 

Por Gonzalo Fuentes

 

Tendría unos 14 años. Me encontraba en un campamento de verano en el norte de España. Aquel día teníamos que hacer una actividad especial. La más desafiante y difícil de todo el campamento. Se llamaba Supervivencia.

 

Se hacían tres divisiones por categorías: Primer mundo, Segundo mundo y Tercero. A los del primero se les daba más provisiones y víveres, a los del segundo algo menos, y a los del tercero, algo ridículo. Se habían formado grupos de unos 5 ó 6 chicos y chicas y se hacía una rifa para ver qué categoría le tocaba a tu grupo.

 

A nosotr@s nos tocó Tercer mundo. Demonios…

 

Partías a primera hora de la mañana. Te decían un pueblo al que dirigirte y tenías que regresar al campamento al día siguiente. Toda una aventura. No tenías asegurado ni alojamiento ni alimento, salvo el que te hubiesen asignado tras la rifa. A los del tercer mundo sólo nos tocaba una rodaja de pan de molde y una loncha de salchichón. Por persona. Para al menos 24 horas.

 

Ya nos podíamos poner las pilas si queríamos disfrutar la experiencia.

 

Creo recordar que no tardamos mucho en llegar a aquel pueblo. Las diferencias entre los distintos pueblos, en esas circunstancias, pueden ser abismales. En unos puede que estén de fiestas. Pueden tener miles de habitantes o unas pocas decenas. Pueden ser muy acogedores… o agrios. Los nuestros eran de estos últimos. Y no había muchos habitantes por allí a la vista.

 

Pronto fue una situación bastante desoladora.

 

Comenzamos a explicarles la situación a los pocos transeúntes que nos encontrábamos. ¿Le hacemos alguna tarea a cambio de algo de comida? Le podemos limpiar la casa, el jardín, o algún local que tenga… Su respuesta era una cara de…

 

estáis locos.

 

En España puedes encontrar una gran hospitalidad en sus distintos pueblos. Este no era el caso.

 

Ir a la iglesia y hablar con el párroco. A ver si allí os dan algo y os dejan dormir.

 

La iglesia estaba en la cima de una pequeña colina, sobre el pueblo. Pero allí no había ningún párroco. Tan sólo un pequeño cementerio y un pequeño jardín. Por encima del muro que rodeaba el cementerio sobresalía un manzano. Con algunas manzanas pequeñitas. El hambre acuciaba. De modo que alzamos a uno de los compañeros que logró rescatar algunas manzanas del tamaño de una nuez.

 

Entraban de maravilla. Pero era un alimento escaso. Aun nos quedaban la rodaja de pan de molde y la loncha de salchichón. Lo único que aun era mediodía y quedaban muchas horas y una noche por delante para volver al campamento.

 

Había que comenzar a tomar decisiones. Comer ya lo único de lo que disponíamos. Buscar más trabajo, aunque no parecía que hubiese mucha predisposición entre los del pueblo. Alguno comentó que lo mejor para combatir el hambre es dormir. También salió la idea de buscar otro pueblo con más posibilidades.

 

Cada uno fue diciendo su opción preferida. Y empezó a ganar la idea de…

 

dormir…

 

Yo lo tenía claro. Quería irme a otro pueblo. No soportaba la idea de pasar toda una tarde y una noche junto a un cementerio combatiendo el hambre… durmiendo.

 

Pero nadie apoyaba mi idea. Si alguien aun dudaba fue convenciéndose cada vez más de que la mejor idea de todas era resignarse y aguantar. ¡Dormir era un plan ideal!

 

Yo estaba realmente ofuscado. Me cabreaba sobremanera el conformismo de mis compañer@s. Yo no quería sobrevivir y aguantar. ¡Yo quería vivir! Sabía por mis hermanos y por amigos que en los ejercicios de Supervivencia podías tener experiencias increíbles: comer copiosamente en un restaurante a cambio de ayudarles a limpiar, mezclarte en las fiestas de un pueblo, ser acogido por una familia afable y generosa…

 

Tan sólo había que probar a encontrar un pueblo más “humano”. O al menos más divertido. Había un riesgo por supuesto. Habría que andar kilómetros, lo cual nos cansaría y nos daría más hambre. Puede que el pueblo que encontrásemos fuese igual o aun peor si no tenía un jardincito con cementerio para dormir y comer manzanitas…

 

Había un riesgo, sí. Pero yo estaba dispuesto a asumirlo. En eso consiste vivir una aventura. Nos habían dado los escasos víveres de “Tercer Mundo”. Nos había tocado un pueblo de mierda. Pero no nos habían impuesto ningún marco de actuación. Eso dependía exclusivamente de nosotros.

 

Aun así mi grupo lo tenía muy claro. No querían asumir riesgos. No querían vivir ninguna aventura. No querían abrirse a la posibilidad de conseguir MÁS. La intención era comerse la lánguida comida y dormir para sentir lo menos posible el agujero en el estómago.

 

Yo seguía enojado. Y no lograba comprender para nada la gracia de semejante decisión. Me planteba seriamente partir solo. Muy seriamente.

 

Pero había un problema…

 

El peso de la colectividad.

 

Cuando dos o más personas se juntan dejan de ser una. O más bien, ahora eres una más gorda. Cuando las personas nos juntamos en grupo y abandonamos nuestra individualidad, creamos un nuevo ser. Una nueva personalidad. Esa es la fuerza y el poder de que en el fondo seamos lo mismo. Pero claro, la conciencia individual se ve modificada cuando se forma un grupo.

 

Para bien… y para mal.

 

Y en este caso la conciencia de esta colectividad era un ancla para mí. Tan sólo tenía 14 años y me daba miedo partir solo por los caminos buscando otro pueblo. El impulso estaba en mi interior, había una visión, un deseo, pero la fuerza de la colectividad con la que en aquel momento me encontraba me arrastraba a conformarme y dormir. Dejando que aquel mal rato simplemente pasara.

 

Y así fue. Pasamos la tarde durmiendo. En un constante dormir-despertar en el que el hambre iba y venía. En algún momento que no recuerdo comimos la loncha de salchichón y su correspondiente pan de molde. Hubo poca comunicación. La noche junto a una iglesia y un cementerio no fue fácil para alguien con mucha sensibilidad y facilidad para no dormir. En algún momento el sol volvería a salir y emprenderíamos el viaje de vuelta al campamento.

 

Cuando eso ocurrió comenzamos poco a poco a llegar en grupos al campamento. Allí las historias bailaban entre todos. Había gente que traía grandes experiencias, anécdotas, risas… Muchos del Primer mundo aun tuvieron más suerte y consiguieron más comida y más diversión. Creo que la nuestra fue la historia más triste y gris. Empezamos pobres y acabamos pobres.

 

En realidad eso no es lo importante. El término “pobre” es relativo y yo tengo ahora una historia interesante que contar. Pero saco todo esto a colación para que veas la fuerza y el poder de un colectivo.

 

Para bien y para mal.

 

Elige bien con quién te juntas.

 

Muy bien.

 

Juntos podemos crear maravillas y juntos podemos hundirnos en los peores abismos.

 

Porque, como le dice “Dios” a Neale Donald Walsch en su libro “Conversaciones con Dios II” (he marcado algunas ideas importantes en negrita):

 

“La conciencia de grupo es algo que no se entiende en toda su extensión, sin embargo, es extremadamente poderosa y puede, si no eres cuidadoso, derrotar con frecuencia la conciencia individual. Por lo tanto, si deseas que sea armoniosa tu mayor experiencia de vida en el planeta, siempre debes empeñarte en crear conciencia de grupo donde quiera que vayas, y con todo lo que hagas.

 

Si estás en un grupo cuya conciencia no refleja la tuya, y en ese momento no te es posible alterar eficazmente la conciencia de ese grupo, lo conveniente es que te separes de él, o el grupo podrá conducirte. Irá adonde quiera dirigirse, independientemente de adonde quieras ir.

 

Si no puedes encontrar un grupo cuya conciencia concuerde con la tuya, sé la fuente de uno. Otros de conciencia semejante se verán atraídos hacia ti.

 

A fin de que se produzca un cambio permanente e importante en tu planeta, los individuos y los grupos pequeños deben afectar a los grupos más grandes y, a la larga, al grupo mayor, el cual es TODA la humanidad.”

 

Creo que queda muy claro.

 

Me parece que la metáfora de esperar durmiendo junto a un cementerio para no sentir el hambre es un gran ejemplo y dice muchas cosas.

 

¿Qué  piensas TÚ? ¿Con QUIÉN decides juntarte? ¿QUÉ aportas a ese grupo? ¿Estás dispuesto a CREAR o ENCONTRAR el que vaya acorde con tu conciencia y tu visión del mundo? Compártelo con nosotros abajo en los comentarios.

 

Y si encuentras de valor este artículo, por favor, compártelo (redes sociales, email, whatsup, boca a boca… )

 

Feliz Colectividad.

 

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2 responses to “La Importancia de la Colectividad (Esto Marca Tu Rumbo y el de Todos Nosotros)”

  1. Mesuki says:

    Buenos dias Gonzalo muy interesante tu relato..
    colectividad y zona de comfort….
    es una fuerza de gran atracción cuando no se escucha tu propio corazon…..
    aunque de todo se aprende a crecer y conocimiento de ti mismo
    Gracias por compartir esta reflexión ayuda
    Te deseo un feliz dia!!

  2. María says:

    Ha sido emocionante, Gonzalo. Mucho. Así es como vivimos casi todos nosotros el enfrentamiento con el grupo, el ser y sentirnos «distintos» y, por tanto, un poco desamparados. Tanta psicología de masas y, al final, todo se reduce a decidir si eres o no una oveja más. Y a decidirlo tú y a seguir adelante con tu decisión que es, quizá, lo más difícil.
    Gracias por el relato, que voy a conservar para esos momentos en que estoy a punto de rendirme.

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