El Siglo De Las Masas Vs El Siglo De Los Individuos (Y No Es Individualismo)

 

Por Gonzalo Fuentes

 

Hace poco tuve la oportunidad de ver una magnífica exposición sobre Henri Cartier-Bresson. Si no conoces a Henri, este fue uno de los fotógrafos más importantes del siglo XX. Un artista, un mensajero, un reportero gráfico, una vida monumental. No exagero, su obra es espectacular, y se puede observar desde distintos niveles. Por un lado su arte, por otro su testimonio, y por otro su crítica y su mensaje.

 

Pero no me voy a centrar hoy aquí en él. Sino de algo que me sucedió en una de mis visitas a dicha exposición. Tras ver que muchas de sus fotos mostraban distintas masificaciones de personas por muy diversos motivos. Algo que, aunque no nuevo, me hizo reflexionar sobre algunas cuestiones.

 

La aglomeración humana es algo muy visible durante el siglo XX. Por sus guerras, sus revoluciones, sus numerosas manifestaciones. Parece que el ser humano se unía y se fundía en masas para luchar por distintas causas. No creo que sea algo exclusivo del siglo XX, pero parece que estuvo de alguna manera muy presente durante aquel siglo, como bien se ve en las fotos de Cartier-Bresson.

 

Y eso me hizo preguntarme…

 

¿Dónde estamos ahora?

 

¿Dónde nos encontramos los seres humanos en este principio de siglo XXI con respecto a eso?

 

¿Seguimos teniendo la necesidad de fundirnos en masas para luchar por lo que creemos?

 

Reconozco que nunca me han gustado las masificaciones. He asistido a manifestaciones, a conciertos, a fiestas desmadradas y demás aglomeraciones humanas, pero no me hacen muy feliz. Sólo en algunas, en las que parecía que sólo había una voz, o corría una carrera junto a otras miles de almas humanas, o simplemente, aunque hubiera mucha gente, se respetaba el espacio del otro, en esas ocasiones sí me sentí muy bien.

 

Pero no soy muy de masas…

 

De siempre he creído más en los individuos. En nuestro poder de transformación a partir de nosotros mismos. En lo que puede hacer un individuo por sí mismo y en lo que puede influir y contribuir a otros individuos. Y lo que puede compartir con ellos. ¿Porque no consiste al fin y al cabo la vida en eso sobre todo? ¿En dichas relaciones humanas?

 

¿Es esto una defensa del individualismo? En absoluto. Al igual que tampoco es una crítica de las masas. Muchos individuos pueden fundir y disolver sus egos para lograr algo armonioso y justo, o crear equipos fantásticos para lograr distintos objetivos, o pueden entrar en un ego colectivo enfermo que lo único en lo que piensa es en destruir, hacer daño e identificarse con una idea absurda.

 

Pero aun así me siento más individualista. De hecho funciono mucho como esa personalidad dentro del Eneagrama. El individualismo tiene sus cosas buenas. Que tienen mucho que ver con la forma en que creo podemos experimentar y evolucionar mejor en esta vida. A través de nuestra propia realización personal.

 

Y aun viendo este lado positivo, considero que el individualismo es un poco la otra cara de la misma moneda de esas masas que se ven en las fotos de Cartier-Bresson.

 

El individualismo sufre aun la resaca del existencialismo. Ante la locura que podía experimentar el ser humano fundiéndose en esas masas. Ante la locura del ser humano sobre el ser humano. Normal que surgiera una potente identificación con el dejar de creer en el ser humano mismo. Surgía, más que escepticismo y decepción, una perdida de sentido y de esperanza alguna en nuestra propia naturaleza. Y por ende en la vida en su totalidad.

 

Y aun a día de hoy no nos hemos sacudido del todo esa resaca. Está aun en nuestro inconsciente y en nuestro consciente. El individualismo y el escepticismo en su peor vertiente aun campan a sus anchas. Y muchas más veces de las que quisiéramos nos encontramos con pruebas que refuerzan dicha actitud (sólo hay que encender el telediario cualquiera de estos días). Esto nos pesa. Como si cargáramos una pesada mochila. ¿Y ante eso cómo reaccionamos? Pues ya que la vida y el ser humano “no tienen mucha esperanza”, al menos podemos vivir de la mejor manera posible en esta “burbuja maravillosa” llamada “Estado del Bienestar”. Pero el estado del Bienestar ha fracasado. Al menos mientras nos dejemos parte esenciales del puzzle fuera. La vida demanda más de nosotros. Y sabe que se lo podemos dar con creces. No podemos mirarnos sólo el ombligo. Aunque en algún lugar de nuestro ser perdiéramos la esperanza en el ser humano, tenemos que mirar afuera y reencontrarnos con nuestros herman@s.

 

Así que pienso que este podría ser el siglo de los individuos. Pero desde una óptica distinta. Porque para mirar afuera y reencontrarnos con los demás, primero tenemos que mirar adentro y reencontrarnos con nosotros.

 

Es el siglo de los individuos que florecen a su singularidad.

 

Que se encuentran con su ser más profundo. Que se conocen a sí mismos, que reconocen su ego y que aun así están dispuestos a encarnar en su totalidad el magnífico traje que les envuelve.

 

Individuos que hacen un trabajo hacia dentro y otro hacia afuera. Sanando lo que hace daño.

 

Que saben y reconocen que proyectan sobre otros sus propias sombras y sus deseos y anhelos no reconocidos. Y que reconocen ahí su propia responsabilidad al respecto.

 

Individuos que se preguntan:

 

¿Cómo puedo alinear mis pasiones con las necesidades de los demás?

 

¿Cómo aquello que me apasiona puede ayudar a los demás?

 

¿Cómo puedo acercarme a aquel que no ha hecho aun ese trabajo personal que yo siento que ya he hecho?

 

Individuos que reconocen que todo el universo está dentro de ellos. Pero que también reconocen que ellos están dentro del universo.

 

Cuídate, quiérete, respétate, mímate, ámate. Pero no te encierres en un espejo. Ábrete a la comunidad en la que vives. Una comunidad que es una enorme esfera azul.

 

Ayuda a los demás a través de tu singularidad. No a través de tu agradabilidad. Diferencia Amor de Esclavitud. Diferencia Hermanamiento de Aborregamiento. Diferencia Pasión de Deber.

 

Ámate, y desde ese amor tiende una mano.

 

Tienes que florecer. Y para hacerlo has de surgir de tu propia semilla. Pero también de la misma tierra de la que todas las demás semillas florecen.

 

Eres un individuo. Pero un individuo en un mundo de individuos.

 

Despertemos. Pero despertemos juntos.

 

Henri Cartier-Bresson fue un gran ejemplo de esto. Vivió y expresó magníficamente su propia singularidad. Pero al servicio del ser humano.

 

Quizás podamos superarle.

 

Imagen tomada por Cartier-Bresson en Shanghai en 1948.(Magnum Photos)

 

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