“No Saber” Puede Ser El Camino

 

Por Gonzalo Fuentes

 

“La salud mental es nuestro derecho de nacimiento. No tenemos que aprender cómo estar mentalmente sanos; está incorporado en nosotros de la misma manera que nuestros cuerpos saben cómo curar un corte o sanar un hueso roto. La salud mental no se puede enseñar, sólo re-despertar.”

Richard Carlson y Joseph Bailey

 

¿Alguna vez te enganchas con un problema y no paras de darle una y otra vez vueltas en tu cabeza?

 

¿Te cuesta soltar o aliviar algo que te preocupa? ¿Crees que vives más estresado de lo necesario?

 

¿Tienes a veces la sensación de que tu cabeza no hace sino más grande el problema y que te alejas cada vez más de la posible solución? ¿Ves cómo esa infección se va extendiendo al resto de tu vida?

 

Si es así, es lo más normal del mundo. Porque hemos sido educados para hacerlo así. Porque estamos programados para usar la cabeza de ese modo. Y es una lástima. Porque en realidad ese no es nuestro programa natural, y ni así sales del problema, ni así encuentras la solución, ni así te ocupas de la preocupación. Y lo peor de todo es que así te sientes MAL.

 

Queremos o creemos que podemos controlarlo TODO con nuestra cabeza. Que así lograremos las cosas. Que así encontraremos las soluciones. Que así estaremos seguros. Lo queremos tener todo bien atado. Pero ese no es el camino.

 

¿Las buenas noticias? Que hay otro camino. Un camino en el que no nos hemos educado pero con el que hemos nacido. Se podría decir que nos hemos alejado de uno de nuestros mayores dones. Pero esto no debería sorprendernos a estas alturas.

 

¿A qué me refiero con estos “dos caminos”? Ni más ni menos que a dos formas de pensar diferentes. Ninguna de las dos es mala. Pero una está sobrevalorada y la otra infravalorada. Y usar una forma de pensar concreta cuando no conviene no nos ayuda lo más mínimo y nos hace daño. Es por eso que en el artículo de hoy vamos a distinguir entre esos dos modos de pensamiento y ver qué podemos hacer para reeducarnos a una forma más óptima de usar nuestros cocos.

 

Richard Carlson y Joseph Bailey distinguen estos dos modos de pensar de una manera elegantísima y sencilla en su magnífico libro “Slowing Down To The Speed of Life” (“Desacelerando a la Velocidad de la Vida”). De hecho, para ellos y según su propia experiencia y la de sus pacientes, casi toda diferencia remarcable en cuanto al disfrute de la vida, la paz interior, la productividad satisfactoria y la mejora en nuestras relaciones personales pasa por reconocer estos dos modos de pensamiento.

 

¿Y cuáles son estos dos modos?

 

Ellos los definen de esta manera:

 

1. El pensamiento analítico o procesado.

2. El pensamiento libre y fluido.

 

Pero antes de definirlos separadamente, vamos a recordar una premisa más importante y mayor. Nuestros pensamientos crean nuestra experiencia de la vida. Ya lo he dicho en este blog otras veces. Nuestros pensamientos crean nuestras emociones y éstas nuestras acciones. Y también en el sentido inverso. Es por eso, que ante un suceso en la vida, la experiencia de dicho suceso es muy distinta de una persona a otra. Por una sencilla razón. Sus pensamientos ante ese suceso son diferentes. También así por tanto sus emociones y también así sus acciones (o re-acciones ante dicho suceso).

 

Veamos un ejemplo. Ana sale a trabajar una mañana. Monta en su coche y se dirige a donde quiera que trabaje. Pero en el camino se topa con un gran atasco descomunal. Que le va a hacer llegar posiblemente tarde al trabajo. Afuera llueve y tiene una lista enorme y urgente de tareas que realizar para ese día. Entra en un humor de perros. Por su cabeza se cruzan pensamientos tales como “vaya mierda de atasco”, “en esta ciudad no hay quien viva”, “qué gentuza todos con el coche y a la misma hora”, “deberían hacer carreteras más anchas”, “tendría que haber hecho tal y tal cosa ayer”, “soy una irresponsable”, “qué asco de tiempo”, “qué asco de vida”, etc, etc. Bien, ese humor es más que probable que le acompañe en esa espera impaciente y ansiosa en el coche, en su llegada al trabajo, en su primera interactuación con compañeros o clientes, en sus tareas, puede que incluso le dure durante varias horas o incluso durante todo el día.

 

También puede ser que Ana se vea en el atasco y piense “vaya mierda de atasco”, “en esta ciudad no hay quien viva”, “qué gentuza todos con el coche a la misma hora”, “mmm… vaya, parece que ahí voy con este modo de pensamiento”, “ahí voy de nuevo”, y con este último reconocimiento -esencial en el proceso- se empiece a cortar la cadena. De modo que sus emociones no se desbocan y recupera un poco de perspectiva. Entonces quizás piensa que puede aprovechar ese tiempo en el coche. Oyendo un poco de buena música, poniendo el último curso que se compró, u organizando en su cabeza algo que tiene pendiente por hacer. Y entonces puede que su día no sea una mierda. Y puede que se de cuenta de que tiene más poder personal del que se creía y se sienta más orgullosa y satisfecha.

 

Perfecto. Dicho esto, veamos los dos tipos de pensamiento.

 

1. El Pensamiento Analítico o Procesado

 

Este modo de pensamiento se asemeja a la forma de operar de un ordenador.

 

Almacena datos ya existentes y gestiona situaciones que requieran soluciones donde todas las variables sean conocidas.

 

Según Carlson y Bailey, estas serían las funciones que realiza este tipo de pensamiento:

 

– Almacena información (memoria)

– Analiza estos datos (los clasifica, los compara con datos ya existentes, los organiza en creencias, conceptos e ideas)

– Planea nuestras vidas (crea una simulación del futuro basada en recuerdos y en nuestra imaginación)

– Calcula y opera con datos ya existentes en nuestra memoria para organizar nuestras vidas y responder a situaciones

– Recuerda información que hemos aprendido previamente

 

(Te recomiendo que repases estas funciones para más tarde reconocer cuándo estás utilizando este tipo de pensamiento.)

 

Este es el modo de pensamiento que se nos ha inculcado predominantemente desde que nacimos (al menos en el mundo “occidental”).  Es necesario para vivir nuestras vidas de una manera efectiva. Nos ayuda a aprender desde lengua a matemáticas. Cómo manejar un ordenador, conducir un coche, ir al super sin tener que repasar todas las veces el camino, recordar fechas importantes, repetir tareas aprendidas anteriormente con facilidad, planear unas vacaciones, etc. (Pero también hay que recordar que este no es el único modo de pensamiento útil para los procesos de aprendizaje, error en el que se cae a menudo en nuestros sistemas educativos.)

 

Veamos el lado oscuro de este modo de pensamiento. Como ya he dicho más arriba, este modo funciona cuando conocemos todas las variables del asunto en cuestión. Pero cuando no es así, y no son pocas las veces, comienzan los problemas. Empezamos a repensar los problemas y a obsesionarnos sin resultados. Esto nos frustra y nos genera ansiedad y estrés. Entonces un problema de trabajo, por ejemplo, puede convertirse en un runrún interno que vaya repitiéndose y acrecentándose en nuestra cabeza sin lograr avances e influya negativamente a nuestras otras tareas, relaciones e incluso al sueño. Esto puede acabar desarrollando enfermedades mentales y adicciones, aparte de empeorar nuestra experiencia vital desde el primer minuto en el que entramos en ello.

 

Y esto ocurre simplemente porque estamos utilizando un modo de pensamiento no adecuado para una determinada situación. Hemos crecido en una sociedad que ha sobrevalorado el pensamiento analítico y mucho, cuando disponemos de un modo natural de pensamiento que es mucho más apto para la mayoría de situaciones de nuestras vidas. Éste es…

 

2. El Pensamiento Libre y Fluido

 

Para definir este modo de pensamiento voy a utilizar las palabras que utilizan Carlson y Bailey en su libro:

 

“Este otro modo de pensamiento del que disponemos funciona como un río. Siempre está fluyendo, trayéndonos nueva información y pensamientos en el momento – algunos desde nuestra memoria, otros desde la fuente creativa. Llamamos a este modo de pensamiento, el modo libre y fluido. (…pero también…) pensamiento original, inteligencia creativa, modo reflexivo, y pensamiento sin esfuerzo. El propósito principal de este modo es disfrutar de la vida, operar con un rendimiento óptimo y niveles altos de eficiencia, y solucionar problemas donde una o más variables nos son desconocidas. En este modo libre y fluido, tenemos la habilidad de pensar nuevos pensamientos, pensamientos que no habíamos considerado antes. Convencionalmente la gente se refiere a este modo de pensamiento como intuición, creatividad, inspiración, sabiduría, entendimiento, realización, pensamientos que aparecen de la nada, o inspiración divina. Este modo de pensamiento puede utilizar la memoria, pero cuando lo hace, lo hace de una manera nueva y creativa que es relevante en dicho momento.”

 

Una manera clara de reconocer este modo de pensamiento es cuando parece que todo fluye. El deportista que está “en la zona” y parece que maneja cuerpo, mente y tiempo a la perfección; el escritor del que fluyen con facilidad sus palabras; el creativo al que le surgen sus ideas espontáneamente; el conferenciante que engancha en su discurso y encandila a su audiencia; el músico que “entra” en su música; el actor que se siente presente y conectado, etc.

 

Pero aunque pueda parecer que este modo de pensamiento sólo ocurre en momentos mágicos, de inspiración o por suerte, es importante saber que el modo de pensamiento libre y fluido no requiere esfuerzo alguno y que es el natural en nosotros. O lo que es lo mismo, está siempre a nuestra disposición. Mientras que el pensamiento analítico requiere esfuerzo por nuestra parte y es un tipo de pensamiento aprendido. Un claro ejemplo de esto es que muchas de nuestras mejores ideas se nos ocurren en la ducha, en el coche, o viajando. Porque es justo en esos momentos cuando damos tregua a nuestro pensamiento analítico, y nuestro pensamiento natural e innato aflora por sí mismo.

 

Viviendo con ambos modos de pensamiento

 

En nuestra vida sólo podemos estar en uno de estos modos de pensamiento. O bien en uno o en el otro. Y de hecho siempre estamos en uno u otro. Como si estuviéramos en AM o en FM. Sin más opciones.

 

Normalmente tendemos a estar en el pensamiento analítico y es por eso que vivimos vidas con más estrés del necesario. Porque utilizamos un modo de pensamiento sobrevalorado y que es en realidad menos necesario que el natural, libre y fluido. Los dos son útiles según la situación, pero tendemos a usar más el que deberíamos usar menos.

 

El pensamiento libre y fluido es un pensamiento adecuado al momento presente, más preciso, sin esfuerzo, intuitivo, creativo y ofrece soluciones cuando no se conocen todas las variables.

 

Pero, ¿cómo acceder a este modo de pensamiento cuando estamos atrapados habitualmente en el analítico?

 

Cambiando de un modo a otro

 

Estos son algunos de los pasos que puedes dar para acceder al pensamiento libre y fluido cuando el analítico no es necesario e incluso contraproducente (es decir, la mayoría de las veces).

 

1. Reconoce el modo de pensamiento. Como ya he dicho otras veces, cuando te sientas mal, observa tus pensamientos. Ahora, con esta nueva distinción, puedes darte cuenta que la mayoría de las veces que te sientas mal y estresado estás utilizando tu pensamiento analítico. Estás dando vueltas a algo almacenado en tu memoria, buscando algún tipo de solución a lo que puede ser un problema, pero del que no dispones de todas las variables. Y eso te produce una insatisfacción. Normal, no es un camino óptimo para ti. De modo que simplemente date cuenta que estás usando dicho modo de pensamiento. Y observa lo que ocurre. (Una pista: estás dirigiendo consciencia a tu mente, y el pensamiento análitico va a dejar de sentirse a gusto.)

 

2. Recuerda que tienes otro modo de pensamiento. Es decir, el natural, libre y fluido. Un pensamiento que no requiere de ningún esfuerzo y que te hace sentir bien. Y que cuando has identificado la utilización del otro modo de pensamiento, al caer, va a dejar que surja el que tienes por derecho, el que viene de serie. Ten fe en ello. Entonces puede que encuentres una nueva idea, una nueva manera de afrontar tu situación actual, o simplemente y no poco importante, te permita vivir de verdad y auténticamente tu momento presente. Disfrutarás de tu vida y tu momento, en vez de estar enmarañado en un compendio de datos, ideas y memorias que habitan sólo en tu cabeza.

 

3. Acepta que no sabes. Sé humilde y reconoce que te faltan variables. Nuestros egos se creen los reyes del mambo, pero, amigo y amiga, son los que más nos impiden ser los reyes del mambo. Abre la puerta a la ignorancia. A lo desconocido. Suelta el control. Y entonces tu inteligencia creativa tendrá espacio para entrar. Tu ego no posee ese tipo de inteligencia, sólo sabe utilizar tu modo analítico. Pero si el modo analítico cae, tu pensamiento natural, libre, fluido, sabio, creativo y lleno de poder, entra en juego. Sin esfuerzo.

 

Sólo el poner en práctica el primero de los pasos puede hacer maravillas. La consciencia es en sí misma transformadora. Empieza a experimentar. Poco a poco. No te diré que sea fácil. Tenemos hábitos muy arraigados en nosotros. Pero también te diré, que ya desde el principio, puedes experimentar momentos que te asombren y se te quede cara de “he estado haciendo el idiota todo este tiempo”. Recuerda que es un re-despertar.

 

Puede que por una vez sentirse mal sea un maestro. ¡Aprovéchalo!

 

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