Tienes Razones Para Rechazar Lo Espiritual Y Lo Profundo (aquí van 5)

 

Por Gonzalo Fuentes

 

Puede que este no sea tu caso, que ya te consideres una persona que incorpora el elemento espiritual o de trascendencia en su vida. Pero la inmensa mayoría de los que vivimos en estas sociedades llamadas “occidentales” experimentamos cierto rechazo a las experiencias más trascendentes, profundas o espirituales. Incluso yo he sentido (y sigo sintiendo a veces) resistencia y rechazo a estos aspectos de la vida aun llevando muchos años experimentando prácticas como la meditación, el yoga, el chi kung, el taichi, el reiki, la oración o la simple contemplación. De hecho no fue hasta que comencé este blog en Enero de 2013 cuando empecé a sentirme gradualmente cómodo compartiendo con los demás mis experiencias al respecto.

 

¿Pero por qué sentimos tanto rechazo al aspecto espiritual o más profundo de la vida?

 

En el artículo de hoy voy a intentar responder a esta pregunta aun sabiendo que es tarea difícil y que puede generar multitud de reacciones diversas debido a lo delicado del tema. Yo sólo voy a tratar de comunicaros una versión lo más ajustada posible a mi opinión actual que también va transformándose y madurando día tras día.

 

De modo que este artículo va a ser una especie de reflexión en voz alta pero que espero tenga una repercusión práctica en tu vida y te abras a estos terrenos “más desconocidos” de la vida. Ya que creo que nuestra evolución e incluso supervivencia, pasan por ahí.

 

5 Razones por las que tendemos a rechazar el lado más profundo y espiritual de la vida

 

Estas son algunas de las razones que se me ocurren que causan esta situación:

 

1. Hemos necesitado ser superficiales.

 

Como ya dije en el anterior artículo, el ser humano ha pasado y pasa por distintas etapas evolutivas. Esto ha sido exhaustivamente estudiado por expertos y tienden a coincidir en lo esencial aun cuando sus trabajos se han desarrollado de manera paralela. Aproximadamente cuando comenzó la Ilustración se abría una nueva etapa para la humanidad, que traería consigo cambios radicales y veloces. Empezaba la era de la razón y de la investigación empírica. De lo cartesiano. El momento en el que el mundo podía ser cartografiado. Parecía que podíamos extraer un conocimiento preciso de la realidad y eso impulsó al mundo a niveles científicos y tecnológicos de manera vertiginosa. De hecho comparándolo con la edad de la humanidad, estos cambios de inmenso calado han ocurrido en un muy breve intervalo de tiempo. Todo esto llevaría a la Revolución Industrial, que es sustrato fundamental de nuestra sociedad actual. Pero no sólo habría cambios en lo tecnológico. Todo cambio tecnoeconómico lleva de la mano cambios sociales, culturales e individuales.

 

Con el imperio de la razón sucedió otra cosa de todavía mayor calado. La diferenciación de 3 aspectos de la humanidad que nunca habían sido diferenciados: la estética, la moral y la ciencia. O como diría Ken Wilber, la diferenciación del Gran Tres: del Yo, el Nosotros y el Ello. Esto supuso un gran salto en la conciencia de la humanidad. Por primera vez se separaban y se diferenciaban estos 3 elementos. El individuo, la cultura y la naturaleza. Esto hizo no sólo posible los avances en los estudios de la Ciencia (el Ello), sino que trajo auténticos movimientos de liberación social: la abolición de la esclavitud, las democracias (la Griega no era universal y era esclavista), el feminismo y la igualdad de género, la liberación de jerarquías de dominio (como la de la Iglesia y otros poderes), mayor difusión de movimientos culturales, etc. No pocos avances. Incluido uno, que aquí nos atañe bastante, que es la separación entre el Nosotros y el Ello, o entre la cultura y la naturaleza. Una diferenciación que contribuyó a que la verdad ya no estuviera en manos de las mitologías de la Iglesia y del Estado, causando una evolución espectacular de las ciencias en todos sus campos.

 

Pero claro, todos estos increíbles avances, en los cuales ni se podría haber soñado poco tiempo antes, tuvieron su contrapartida. Y un alto precio. Las ciencias empíricas dejaron muy atrás a los otros dos aspectos que antes señalaba. Ser “objetivo” había dado tan buenos resultados que lo “subjetivo” dejó de importar cada vez más. Algo bastante razonable debido a los resultados. El Gran Tres se había convertido en el Gran Uno. Sólo importaba el Ello. Aquellas cosas que pudieran ser estudiadas superficialmente. Incluso todo estudio que se hiciera sobre el ser humano se hacía bajo la óptica del Ello, deshumanizándonos por completo. Pero el ser humano no es sólo un conjunto de células, neuronas, neurotransmisores, hormonas y demás cosas observables. El ser humano es un ser que experimenta desde el Yo, y también desde el Nosotros. Es un organismo que tiene una vivencia. Y eso no entra en el campo de lo objetivo ni de lo observable empíricamente. Eso entra en el terreno de lo subjetivo y de lo interpretable (de lo comunicable). Donde tienen lugar lo profundo, lo espiritual y lo trascendente. Todas ellas experiencias auténticas y reales, incluso estudiables y estructurables, como se ha hecho en Oriente (donde ha habido amplios estudios del Yo). Son componentes de tanta profundidad en el terreno subjetivo que parece que no encajan en el mundo de hoy. Son componentes dentro de un rango de acción mucho más vertical en un mundo excesivamente horizontal. Claro, hemos conseguido mucho desde la horizontalidad. Pero algo faltaba… Lo cual nos lleva a la siguiente razón.

 

2. “Eres un hippie regresivo.”

 

Hace muy poquito, en los años 60, surgió en Estados Unidos un movimiento de sobra conocido por todos. El movimiento hippie. Todos aquellos a los que les llamaba esta nueva forma de entender la vida se sentían hartos de tanta horizontalidad, objetividad y dominio del Ello. Buscaban no sólo mayor subjetividad y liberación de lo establecido, sino incluso cambiar y mutar los estados de conciencia ordinarios, de ahí la amplia experimentación con todo tipo de sustancias alucinógenas y psicotrópicas. Querían algo más (e intuían que había algo más). También querían liberarse sexualmente y vivir en comunidad (pero al contrario de lo que algunos querrán creer si comparas una comuna hippie con un régimen comunista en poco se deben parecer). Vivir en profundo contacto con la naturaleza. Pero en realidad ellos no fueron pioneros en esto. Si nos remontamos de nuevo a la Ilustración, allí surgió el movimiento romántico, un movimiento contrario al excesivo uso de la razón que ya por entonces se extendía, y una mayor afinidad hacia los sentimientos y de nuevo, hacia lo subjetivo. Y como ocurría con los hippies, también hacia la naturaleza y hacia los estados de conciencia no ordinarios.

 

Así que de alguna manera tenemos a los románticos, que acaban deviniendo en hippies y de donde acaba surgiendo el movimiento New Age (“Nueva Era”). Porque fue durante la época hippie que se abrió de manera más contundente las puertas de Occidente a la sabiduría ancestral de Oriente (donde se desarrolló, repito, un estudio mucho más amplio y detallado de lo que entendemos como “subjetivo” y de los dominios transpersonales o “espirituales” de la mente). Todos estos movimientos han tenido algo en común: surgen de una más que probable intuición espiritual, o anhelo de lo trascendente.

 

Pero, todo esto viene a cuento de que, en el fondo y desde ya hace mucho tiempo, estamos asistiendo a una guerra. Una guerra entre dos formas de entender el mundo. Y ninguna de las dos tiene la razón. Por un lado están los que defienden sólo lo objetivo y lo superficial a ultranza. Por otro, entre las filas de los hippies, románticos, nuevaerenses y demás personas con predominio del hemisferio derecho del cerebro, se defiende otro imperio: el de lo espiritual, lo mágico y el de la naturaleza. Y aquí justo reside el problema.

 

3. Corremos el riesgo de desevolucionar.

 

Y ese es el miedo que tienen todos los conservadores de lo empírico, de lo objetivo y de la razón. Es un miedo de lo más comprensible. Porque se ha logrado MUCHO. Y muchos de los que quieren cambiar el estado de las cosas (entre los que me incluyo, con errores incluidos), defienden algunas ideas confusas que son de hecho, desevolutivas. Como son la vuelta a la naturaleza y a lo mágico. (Y aquí es donde me tengo que explicar muy bien porque surge la polémica.)

 

El ser humano pre-racional y pre-ilustración estaba fusionado mayormente con la naturaleza. Y con visiones mágicas y mitológicas del mundo. Pero es un ser humano menos evolucionado que el actual. En el sentido de que si no se hubiese diferenciado de la naturaleza y de aquellas visiones, no habrían existido todos los avances que he comentado en el punto 1. Por otro lado, el humano moderno se ha diferenciado tanto que se ha olvidado de su profundidad y de la profundidad que es claramente observable en la naturaleza. Hasta el punto de que la puede destruir y mandar todo al cuerno. O crear un modo de vida tremendamente insufrible. Y para eso no hay que fusionarse con la naturaleza, sino integrarla. No hay que ser regresivo, sino evolutivo, reintegrando aquellas partes que hemos olvidado o relegado a secundísimos planos.

 

Y para encauzar todo esto hay muchos que creemos que debemos incluir en este paradigma los senderos de la mente menos recorridos. Tenemos que incluir lo espiritual, lo trascendente y lo profundo en la ecuación. Sólo en la medida en la que seamos personas más libres, con mayor profundidad, con una consciencia más desarrollada y más liberados de nuestros traumas y condicionamientos, en definitiva una sociedad internamente más sana, podremos ser realmente evolutivos, ecológicos y justos.

 

Esto nos lleva a la siguiente razón por la que creo que rechazamos lo espiritual. Más de uno se estará preguntando: “¿Tengo entonces que convertirme a alguna religión o profesar más fervientemente en la que ya pertenezco?”

 

4. Las religiones míticas.

 

Mi respuesta a esa pregunta sería clara. Absolutamente NO. A no ser, y esto te puede resultar complicado, que dicha religión profundice tu espiritualidad y te guíe por los caminos superiores de la mente, muy poco recorridos en Occidente. El problema reside en que la mayoría de las religiones no han evolucionado. Se encuentran en un estado pre-racional o más precisamente mítico. Aun les cuesta hasta defender libertades básicas que se consiguieron gracias al imperio de la razón. Se basan no en un conocimiento experiencial sino dogmático. Aferrándose a mitologías, señores con barba y arquetipos desfasados. Habiéndose olvidado ya hace mucho de la esencia del mensaje y quedándose en una mirada puramente cultural. De hecho, considero que para encontrarse con Dios hay que vaciarse de Dios (del concepto de Dios). Como ya he dicho otras veces, para mí espiritualidad es un camino experiencial o místico, no un seguimiento dogmático.

 

Con esto no es de extrañar el desapego generalizado en muchas sociedades con las religiones. Nadie quiere desevolucionar conscientemente. Incluso la gente que acude de vez en cuando a algún rito religioso (o en muchos casos que se casan bajo ese rito) lo hacen desde una perspectiva cultural, que no espiritual. Y esto lleva a un rechazo espiritual que se confunde con lo religioso.

 

Y de nuevo surge una nueva razón…

 

5. Espiritualidad no es ascetismo.

 

No, nadie te está pidiendo que te metas en una cueva, que ayunes, medites veinte horas diarias, y te prives del sexo para toda la vida. Normal que salgas corriendo y rechaces ese camino. Yo también lo haría. (Lo cual no quita que pudieras experimentar alguna de esas cosas… ) Porque justamente en este tema se da otra de las manifestaciones de la guerra a la que me refería más arriba. Lo que Ken Wilber llama la guerra entre lo Ascendente y lo Descendente. Una guerra que viene de tiempos inmemoriales. Los ascendentes serían aquellos que defienden el camino más ascético, de desarrollo de lo trascendente, venerando un lugar que no está en la Tierra y por tanto rechazando lo que viene de ella. Buscan a Dios en las alturas. Un recorrido más vertical. Los descendentes alaban y gozan de los bienes de la Tierra, acogen todo lo sensual y físico, adoran a la madre naturaleza, buscando también a Dios (o Diosa) pero en el plano temporal e impermanente que es nuestra vida física (llamándola Gaia o delimintándola a la manifestación de la naturaleza).

 

Estas dos facciones, con todos sus matices, llevan siglos enfrentadas y parece que tienen posturas irreconciliables. Una guerra que se da en lo exterior, pero también en nuestro interior. Si estás en el bando de los descendentes, y más en estos tiempos que corren de descendencia sin espiritualidad, es normal que rechaces la espiritualidad. Sobre todo si la relacionas con el camino puramente ascendente. Y si estás en el bando de los ascendentes, puede que te estés privando de muchas de las profundidades que surgen de la Tierra, de la sensualidad, de “lo humano” y de la evolución material. Integrar ambos caminos y terminar con esta guerra sería un fin muy noble y que podría traer mucha esperanza a nuestra experiencia vital. Porque Dios, Diosa, el Espíritu, la divinidad, la Inteligencia Suprema, la Vacuidad, o como quieras llamarlo, se manifiesta y crea todo lo que hay en este mundo. Todo, sin excepción alguna, es su obra. Por lo que una espiritualidad integrada sería aquella en la que el Uno siente compasión y disfrute por sus Mil Formas y a se vez sus Mil Formas despiertan y reconocen que son manifestación del Uno. Descendencia y Ascendencia.

 

Conclusión

 

Todas estas son capas de rechazo que se solapan unas con otras. Puede que algunas pesen en ti más que otras. Algunas serán más individuales aplicables a tu caso y otras más colectivas pesando más en el ambiente (consciente o inconsciente). Puede que te atraiga la espiritualidad pero que rechaces lo regresivo. Que seas religioso pero que te den miedo los terrenos menos explorados de la mente. Puede que adores el mundo material y que tengas miedo de perderlo si te adentras en lo espiritual. Todos son miedos y rechazos razonables. Pero recuerda también que la razón se está quedando pequeña. No nos podemos identificar tanto con ella.

 

Puedo estar equivocado. Estoy haciendo una reflexión bastante intensa y peliaguda en voz alta. Puede que incluso pierda lectores para mi blog. Pero creo que es una reflexión necesaria. Y aunque sin lectores no tiene mucho sentido hacerlo, tampoco tendría sentido para mí no hacerlo.

 

Como ya habrás podido comprobar, el trabajo de Ken Wilberha tenido una enorme influencia en estos pensamientos. Es por eso que quiero terminar con unas potentes palabras suyas:

 

“Jamás pudo la magia soñar siquiera que terminaría siendo desbancada por el mito. Y los dioses y diosas míticos ni remotamente pudieron imaginar que la razón terminaría relegándolos al olvido. Y aquí estamos nosotros, con nuestra presuntuosa visión racional del mundo, creyendo que nada superior podrá caer de los cielos, conmover nuestros mismos cimientos y barrer nuestras más sólidas percepciones.

 

Pero es muy probable que lo transracional permanezca al acecho detrás de la esquina, ésa es la nueva bestia y se trata, por cierto, de una bestia muy hambrienta. Cada nuevo estadio trasciende e incluye y es completamente inevitable, es absolutamente cierto, que el día de mañana el sol brillará en un mundo que, en muchos modos, trascenderá a la razón…

 

Y, por citar a otro famoso teórico, ‘Abróchense los cinturones porque va a ser un viaje muy turbulento’.”

 

Buen viaje amig@.

 

Comentarios más abajo son más que bienvenidos. Gracias por leer hasta aquí y, por favor, comparte si lo has encontrado de valor.

 

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2 responses to “Tienes Razones Para Rechazar Lo Espiritual Y Lo Profundo (aquí van 5)”

  1. Conchi says:

    Enhorabuena por el artículo Gonzalo! me alegra haber pulsado el link.
    Lo he leído y además lo he disfrutado.
    Coincido con tus 5 razones y Añado el entorno que no ayuda, que penaliza a los diferentes, que los señala y que a veces exluye a los que buscan algo mas… Añado la educación recibida, poco abierta a lo nuevo, a probar lo desconocido, que fomenta poco lo que no se puede medir…
    un beso!!!

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