Uniendo Mundos… (Águilas, Cóndores y Etiquetas)

 

Por Gonzalo Fuentes

 

¿Estamos todos bien etiquetados? ¿Sí? Bien. Izquierdas, derechas, judíos, musulmanes, cristianos, católicos, homosexuales, heterosexuales, pijos, rojos, fachas, conservadores, progres, hippies, infieles, freakies, empresarios, trabajadores, ricos, pobres, clases medias, españoles, alemanes, griegos, estadounidenses, rusos, coreanos…

 

Todos bien etiquetados.

 

Cuando queramos hablar de algo y entendernos, ¿qué sucederá?

 

Que nuestra etiqueta emergerá. Emergerá de tu subconsciente, del subconsciente colectivo…

 

Tan sólo una herida.

 

A las etiquetas les gustan las heridas. Adherirse a ellas.

 

Y entonces serás una persona reactiva. Que no activa.

 

Las personas activas solucionan problemas. Las reactivas crean aun más.

 

Más herida. Más etiqueta.

 

Generalizar ayuda a clasificar. Pero ha llegado la hora de ser más sofisticados. De unir mundos.

 

Cada vez que generalizamos de maneras tan burdas perdemos un poco más de perspectiva.

 

Activamos heridas. Activamos egos. No personas.

 

Las personas son un universo de pluralidad. Una infinita paleta de matices.

 

Pero generalizamos burdamente.

 

Trazo grueso.

 

Dejémonos de reirnos e insultar a toda una comunidad.

 

Las etiquetas son peligrosas.

 

Detrás hay personas. Con heridas.

 

Dejar de sentaros sólo ante vuestras reuniones de la Ejecutiva.

 

Sentaros con los de la otra etiqueta.

 

Porque todos somos humanos.

 

Integremos toda la pluralidad para que esta estalle en mil colores.

 

No aniquilando al opuesto. Al “enemigo”.

 

Sino acercándonos a él.

 

No el combate. Sino la colaboración.

 

No hablando a una etiqueta.

 

Sino a un corazón humano.

 

No tengas miedo de perder. Pierdes cuando el otro pierde. Quizás en este momento no te des cuenta. Pero perderás.

 

Es difícil. Hay heridas. Y las heridas escuecen.

 

Siéntela. En vez de actuar sobre ella.

 

Siéntela. Obsérvala.

 

Tú no eres tu herida.

 

Tú eres mucho más que eso.

 

Sé sexy, human@, únic@.

 

Sin etiquetas.

 

Quiero cerrar este artículo con una historia que he leído en el libro “El Alma del Dinero” de Lynne Twist y que ha captado absolutamente mi atención. Es una historia o profecía de los indígenas achuar.

 

Se llama “La profecía del Águila y el Cóndor.”

 

“La historia de la profecía relata que en el comienzo, todos los pueblos de la tierra eran uno, pero hace mucho tiempo se dividieron en dos grupos y cada uno siguió un camino diferente de desarrollo. El pueblo del Águila era sumamente científico e intelectual mientras el del Cóndor vivía en armonía extrema con la naturaleza y el reino de la intuición.

 

La historia continúa, señalando que en este momento crítico de la historia de la tierra (el quinto Pachakuti, un ciclo de quinientos años en el que ahora estamos), el pueblo del Águila -la gente del intelecto y la mente, gente con un sentido altamente desarrollado de la estética y las habilidades cognitivas- habría alcanzado el cenit en la acumulación de conocimiento científico, tecnología y herramientas tecnológicas, así como la expresión de un arte elevado y la habilidad para construir. Incluso desarrollaría herramientas y tecnologías que expandirían la mente y producirían milagros técnicos de un poder y una magnitud inimaginables. Los enormes logros y tecnologías de ese pueblo les aportarían una formidable riqueza material a los líderes del mundo del Águila. Al mismo tiempo, se empobrecerían espiritualmente, con el peligro que eso conlleva, y su existencia misma estaría en peligro.

 

En esa misma era, el pueblo del Cóndor -gente del corazón, del espíritu, de los sentidos y de la profunda conexión con el mundo natural- tendría altamente desarrolladas sus habilidades intuitivas. Este pueblo indígena alcanzaría un poderoso cenit en su profunda sabiduría ancestral, en su comprensión y capacidad de relacionarse con el mundo natural y los grandes ciclos de la tierra, en su conexión con los grandes espíritus, con el reino animal y el reino vegetal, y en sus habilidades para desplazarse entre las diversas dimensiones espirituales frecuentadas. Al mismo tiempo, padecerían hambre y se habrían empobrecido con el conocimiento que les permitía ser exitosos en el mundo material, y estarían en desventaja en sus interacciones con el mundo material del Águila, a tal grado que se pondría en riesgo su misma existencia.

 

(…) La profecía dice que en este momento de la historia de la Tierra, el pueblo del Águila y el pueblo del Cóndor se reunirán de nuevo. Al recordar que antes eran un sólo pueblo, se conectarán de nuevo, recordarán su origen común, compartirán su conocimiento y sabiduría y se salvarán unos a otros. El águila y el cóndor volarán juntos en el mismo cielo, ala con ala, y el mundo se equilibrará después de haber estado a punto de extinguirse. Ni las águilas ni los cóndores sobrevivirán sin esta colaboración y, de esa reunión de los dos pueblos, surgirá una nueva aleación de conciencia que honrará al pueblo del Águila por sus notables logros en el campo de la mente, y al pueblo del Cóndor por su profunda sabiduría del corazón. Juntos -y solamente juntos- la crisis se resolverá y surgirá un futuro sustentable para todos.”

 

En definitiva, unamos mundos.

 

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