El Verdadero Cambio Social (Relaciones y Paradigmas)

 

Por Gonzalo Fuentes

 

El otro día vi por Facebook un artículo que hablaba de unos nuevos enchufes con placa solar y que puedes cargar pegándolos a las ventanas. “Qué bueno”, pensé, “la gente no para de tener grandes ideas y poco a poco iremos cambiando y mejorando este mundo.” Pero días después, hablando con mi primo Javi, me di cuenta de que el verdadero cambio no tenía que ver nada con eso. O al menos no fundamentalmente. De hecho considero que si los cambios más fundamentales y básicos se hubieran dado ya, la tecnología se habría disparado a un nivel mucho más eficiente y sostenible hace ya tiempo. Dispondríamos de tecnologías más ecológicas y sanas que nos quitarían el hipo. Porque no es una cuestión de inteligencia humana o innovación, no, sino que es una cuestión de cómo estamos funcionando a nivel del inconsciente colectivo. A nivel relacional entre nosotros.

 

Una empresa se dedica a fabricar algún tipo de artilugio, pongamos por ejemplo, bombillas. Es una empresa innovadora, puntera, y fabrica unas bombillas de alto nivel. Tiene tantos recursos esta empresa, y conoce tanto la tecnología de la bombilla, que podría crear unas bombillas que duraran toda una vida humana o más. Pero claro, unas bombillas con tanta vida, no salen muy rentables. Esta empresa quiere seguir vendiendo bombillas y que su negocio no se vaya a pique. Por tanto, pueden fabricar bombillas que duren como máximo cinco años. Así tendrán garantizado el pan de mañana.

 

Un taxista. Va circulando por la ciudad y le para un transeúnte. Este le dice: “perdona, es que tengo un problema, estoy solo en la ciudad, necesito llegar urgentemente a tal lugar pero no dispongo de dinero para pagarte”. A lo que el taxista responde: “lo siento mucho, pero yo ofrezco un servicio con el que me gano la vida, y si comienzo a no cobrar a gente como tú, no llegaré a fin de mes”.

 

¿Qué sucede en estos dos casos? Para nada juzgo su actuación ni me interesa. Quiero ir más allá. Ambos comportamientos son perfectamente comprensibles. Y ambos tienen consecuencias. En el primero, la fabricación exponencial de bombillas provocará una mayor explotación de los recursos y una mayor cantidad de basura de bombillas que ya no funcionan. En el segundo, quizás el hombre que no puede llegar a aquel lugar pase por alguna experiencia desagradable que ninguno quisiéramos para nosotros. Pero en ambos casos, la supervivencia del taxista y la de la fábrica de bombillas, pueden justificar perfectamente sus actos.

 

Lo que les afecta, es el paradigma de creencias y valores que a un nivel profundo están operando en ellos. Y no sólo a ellos, sino al conjunto social en el que viven, incluídos compradores de bombillas y paradores de taxis sin dinero. Y es en esos paradigmas donde se producen los verdaderos cambios.

 

Da igual que seas rico o pobre. Que tengas pareja o no. Que tengas amigos o no. Que tengas trabajo o no. Los paradigmas de los que estoy hablando son mucho más profundos. Y son creencias que no afectan en demasía a esas realidades. Tan sólo serían personas viviendo un mismo paradigma desde experiencias y perspectivas distintas. Como por ejemplo y como ahora veremos, el paradigma de la escasez aun siendo rico.

 

Hay dos creencias que salen a la luz en estos paradigmas. Una es “estoy solo”. Otra es “hay poco”. O lo que es lo mismo:

 

La creencia de que estamos solos y separados.

 

La mentalidad de escasez, de que no hay suficiente.

 

Tú puedes tener pareja y seguir en la creencia de que estás separado y solo, y que tengas un miedo atroz a perder a esta pareja o a tu familia. O puedes tener grandes sumas de dinero en el banco y tener profundamente arraigada la creencia de que hay poco en el mundo. El hecho de amontonar millones de euros o dólares en tus cuentas puede que esté revelando esa mentalidad de escasez, porque si realmente creyeses que hay más que suficiente para todos, seguramente no tendrías tanto, porque no lo necesitarías, y estarías enriqueciendo tu vida de otras maneras, las cuales sí son auténticas riquezas. La riqueza no se puede acumular, tan sólo se puede experimentar y compartir.

 

Pero como ya he dicho, estos paradigmas de creencias y valores, están en el inconsciente colectivo. Las cosas han cambiado, por supuesto. Hace 300 años no podríamos ni imaginar que hubiese sociedades con tantos poderes adquisitivos por parte de los ciudadanos. Lo que ahora puede hacer un ciudadano medio de una sociedad “desarrollada” antiguamente sólo lo podían hacer los nobles y los ricos. ¿Ha cambiado eso los paradigmas de los que hablo?

 

No. O al menos no del todo.

 

Lo que estamos viendo más claramente en los últimos años son unas sociedades sufriendo varias dolencias y enfermedades. Gente que apenas puede sobrevivir, jóvenes que se dan cuenta que sus estudios no se traducen en trabajo, miles de trabajadores explotados con indiferencia de su puesto, indignación, injusticias variadas, problemas de identidad por cambios de trabajo, problemas de género por cambios de roles, gente perdida y sin propósito, personas con dinero y trabajo pero infelices, etc.

 

Lo curioso es que estas enfermedades son un regalo. Son un regalo que nos hace la vida si sabemos mirarlas. Si las tratamos como normalmente hace la medicina convencional, tan sólo buscaremos apagar los síntomas y silenciarlos. Parcheando por aquí y por allá. Como esto de disminuir el paro para tener un buen titular aunque la gente esté ganando 300 euros al mes.

 

Las enfermedades son una oportunidad para mirar más en profundidad. Porque cuando digo que la vida nos está haciendo un regalo, es porque estas enfermedades ayudan a que salga a la superficie aquello que está en el inconsciente, escondido. Y aquello que está en el inconsciente está pidiendo ser visto para poder ser integrado.

 

Cuando digo que en nuestro inconsciente tenemos las creencias de que estamos solos y separados y de que hay poco e insuficiente, esto nos lleva por ejemplo a la actitud del “¡sálvese quien pueda!”. En vez de la actitud de “salvémonos todos”. E incluso podríamos a llegar a cuestionarnos por qué tenemos si quiera que salvarnos, por qué hemos llegado a esa situación en un planeta tan generoso en recursos.

 

Por eso, y volviendo al ejemplo del principio, no creo que estemos en una cuestión de tecnología y números. No es una cuestión de cuántos empleados o desempleados hay. O de cuán magnífica es esta tecnología o esta otra. Sino de cómo nos relacionamos con estas cosas y sobre todo entre nosotros. Si abandonáramos el modo supervivencia, ya seamos fábricas de bombillas o taxistas, o escritores o profesores (para que nadie se sienta ofendido), puede que nos diésemos cuenta que podríamos aportar muchas más cosas de las que ahora creemos. Puede que la fábrica de bombillas se diese cuenta de que podría ofrecer muchos otros servicios a su comunidad sin necesidad de fabricar bombillas de más, y lo mismo sucedería con el taxista. Si viviésemos con la certeza de que nadie va a permitir que otr@ se caiga y no pueda sobrevivir, que ningún herman@ se morirá de hambre, ningún país será abandonado a su suerte, etc, entonces quizás nuestra actuación vendría dada por otros paradigmas:

 

El de que todos estamos unidos.

 

El de que hay más que suficiente para todos.

 

Quizás así no necesitásemos ser tan egoístas, explotadores e individualistas. Quizás así creásemos una sociedad en la que todos importen y aporten, una red en la que la producción y los servicios sirven para enriquecer la vida en comunidad, y no para enriquecer bolsillos de manera individualista.

 

Y por supuesto que este texto no aspira a tener razón alguna. Más allá de la simpleza de los ejemplos, todo lo importante opera a niveles mucho más sutiles. Tan sólo quiero compartir una reflexión sobre algunas cosas y sobre lo que hay en la oscuridad de nuestra inconsciencia.

 

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2 responses to “El Verdadero Cambio Social (Relaciones y Paradigmas)”

  1. Ana says:

    Muy buena reflexión.
    Con respecto a las ideas y la propiedad mientras leía no he podido evitar acordarme de Nicola Tesla cuando decía que lo que le daba miedo no es que robaran sus ideas, si no que el resto no las tuvieran.
    Como historiadora uno aprende que el ser humano no hubiera evolucionado, no por la competitividad y el individualismo, si no por la cooperación y la ayuda.
    PD. Enhorabuena por el libro

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